Jose Luis, decidió renunciar al trabajo en el Ministerio de Marina, lo suyo no
eran los horarios de oficina, aguantar un jefe, tener un seguro y vivir al
ritmo de otros. Decidió además no irse a vivir al país del norte a pesar de
tener la ansiada residencia. Él quería cumplir un sueño, ser actor.
Renunció y
se inscribió en la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENSAD). Todos en la
familia Adrianzén, se escandalizaron, lo llamaron loco, irresponsable. Se
convirtió en la oveja negra. Mi padre, su hermano, se molestó con él, pero
Pepelucho, así le decimos, sólo sonreía y con buen humor respondía tocando el
hombro de “Steven Seagal”, mi padre,
- No te preocupes hermanito, me irá bien,
seguiré mis sueños - y mi padre se inquietaba en su silla moviendo la cabeza de
lado a lado.
En esos momentos critiqué como todos su decisión, sin embargo
siempre seguí su trayectoria como integrante de la agrupación “Pucca Soncco” y
lo fui a ver varias veces al teatro, mi afecto para él no varió con el tiempo.
Sólo cuando las circunstancias de mi camino personal exigieron que tomara una
decisión que cambiaría mi destino, comprendí lo que él había vivido. Entonces mi
admiración por Pepelucho, Jose Luis Adrianzén Novoa, se acrecentó.
Tiempo
después dejé el trabajo que sustentaba mis necesidades básicas, cansado de
realizar el sueño de otros, entonces los más cercanos - como a él - me tildaron
de loco, de irresponsable y más aún, cuando quebré los cimientos de mi familia
con un post que llamé “Mi familia disfuncional” declarando que perseguiría mi
sueño de publicar lo que escribía me convertí en la oveja negra. Steven Seagal,
cuando me encontró solo movió la cabeza de lado a lado y mi madre molesta exigió
que borrará el texto. Pepelucho fue de los pocos que me escribió respaldando mi
decisión e invitándome a persistir en ello.
Unos años antes Pepelucho había
viajado a España para recibir un premio en el festival de cine de Huelva, por la
película ”La Casa Rosada” de la cual es protagonista. Luego se fue tras el amor
a Cajamarca, se casó, ahora es docente, sigue con la actuación y vive feliz.
Unos años después publiqué mi poemario “ El lento caer a la vida” y luego mi
primer libro de cuentos “Días de Perros”. Persigo mis sueños y no dependo de
nadie para realizarlos. Sigo escribiendo.
El camino de nosotros los Adrianzén,
ha sido largo no hay duda. Pero aquí estamos.
Ayer después de mucho tiempo tuve
el honor de encontrarme con él y su bella esposa Carmen, profesora y escritora.
Lo que escriba o agregue desde aquí, ya no tiene importancia. Estoy seguro,
amable lector, que lo entenderás.
La vida tiene extrañas formas de mostrarnos el
camino. Dios escribe sobre líneas, que para algunos son torcidas y coloca a las
personas indicadas cerca de quien persigue un sueño.
Viejo estarías orgulloso.




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