Siguieron discutiendo en la calle, Pedri observaba sin saber que hacer, la mujer dentro del auto seguía gritando. Ani estaba parada frente a la camioneta, decidida, con los puños cerrados. “Basta”, había dicho, “dame la pensión o no me voy”, Pedro sabía que cumpliría su palabra, nervioso desde la puerta de la camioneta llamaba a la razón, rogaba tranquilidad. Luego comenzó a amenazar, a gritar, a insultar. Ani tercamente no se movía de donde estaba. La mujer también la insultaba.
- ¿ Cómo llegaste? - preguntó el hombre a gritos- tú la llamaste - vociferó señalando al niño.
- Tus hijos no se alimentan, ni se educan con el aire - sentenció ella - tienes dinero pero eres un miserable
- Tu me echaste, recuerdalo. - gritó él acercándose peligrosamente.
- Por mujeriego, sinvergüenza , eres un vago poco hombre - se defendió ella.
Pedri desde la puerta miraba a sus padres, lloraba en silencio, sin moverse. Si pudiera le pegaría, pensaba mirando a su progenitor cuando subía al vehículo.
- Muévete de allí - amenazó - !muévete Ani, carajo!
- Dame la pensión de los chicos, no te irás- contestó desafiante.
Pedro encendió la camioneta, volvió a gritar a la mujer.
- Sal de allí - dijo con furia el hombre.
Ella cruzó los brazos resuelta.
Él aceleró y la embistió.
(Seguiremos si ustedes quieren)



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