Mi musa es errática y veleidosa, está callada por largo tiempo y en algún momento impensado llega atropellando y rompiendo todo lo planificado. Me sorprende a pie en alguna calle polvorienta, en alguna avenida que cruzo con prisa. O cuando camino por el malecón donde me escondo. Se aparece frente a una taza de café o cuando estoy por dormir, después de repetir tres veces, gracias. Como sea llegó terminando el mes de mayo cuando no la esperaba, se presentó en mi ventana vestida de luna y con ojos de gato, cuando la melancolía se acercaba disfrazada de recuerdos. Sin dudarlo me senté frente a la página en blanco y entonces me puse a escribir lo que ella susurraba con suavidad. Dejó unos versos que seguro has leído en mi facebook o mi blog, "Llegué a junio" o "Cinco" y algunos versos más que reservo por cursis y lastimeros y que no comparto porque los guardo para un poemario que demoro en terminar. Muchas veces le pregunto a Calíope por qué ella, la inspiración, llega de la mano de la melancolía y la nostalgia cuando a veces lo que deseo es transmitir coraje, experiencia, confianza en el mañana. Ella calla en el silencio y solo me mira. Sucede así siempre, Caliope para mí, tiene un rostro y una forma especial, posee unos ojos misteriosos de gitana, que imagino me observan y sonríen mientras escribo. Supongo que es parte de mi locura o de los histriónicos intentos por adaptarme a la realidad que me rodea. Como sea inspira versos que intento tengan un ritmo o musicalidad (no sé si lo logro), pero a mis ojos terminan cuando doy un último aliento o suspiro, algo así como cuando el corredor llega a la meta, exhausto y satisfecho del esfuerzo.
Esos ojos de gitana aparecen, ya lo he dicho, con su propio argumento, con las palabras que ella impone. Por ejemplo hoy intentaba escribir sobre lo que ha significado este año que ha transcurrido y lo que significa cumplir un año más en esta ciudad a la que siempre regreso, pero termino escribiendo sobre Calíope y sus veleidosas apariciones en mi vida, sobre versos, ritmos y temas que no había pensado.
Pero reconozco que sin esta musa algunas cosas no se hubieran hecho, ni se hubieran cumplido. Sería injusto ignorar a Calíope y su aporte a mis días, en mis madrugadas solitarias y vacías, llenas de pisco y conversaciones con el gato, o cuando me inspira a tomar la mochila y salir a conocer lugares nuevos y luego contar esas experiencias. Me gusta viajar y sentir la libertad de ser dueño de mi destino y de mi presente, al final entendí que se puede caminar ligero con todo lo que la vida trae, sin detenerse cuando te alejas de la queja y vives consciente de tu posibilidad diaria de construir tu día a día. Cuando entiendes que todo depende de tu esfuerzo y vives tu propia vida y no la de otros. Cuando digo quiero y no dependo de nadie para hacerlo.
Cumplo mis sueños, no me los cumplen…(eso me costó aprender)
A Calíope, la musa de la poesía, de la elocuencia, le debo de agradecer el conocer personas tan interesantes y buenas, de las cuales sigo aprendiendo para mejorar. Debo de reconocer también que me ha llevado por lugares impensados y soñados. Sigo disfrutando de tardes tranquilas y amaneceres plácidos, ahora con otra actitud.
Esta musa en algún momento de mi infancia tomó mi mano y no la soltó a pesar del ingrato proceder conmigo mismo muchas veces. Pero…¿qué pasa?
(suena la alarma e interrumpe mis ideas)
Acaban de dar las doce de la medianoche, es 4 de Junio, cumplo 57 años, sonrío, pienso y como Sabina “Lo niego todo” y no me arrepiento de nada de lo hecho, pero sí de lo que no hice. Pero esa es una historia que escribiré y concluirá con una sentencia que me repito mucho ahora "Después de mucho tiempo estoy donde quiero, como quiero, haciendo lo que quiero, ha eso le llamo paz". Es mi primer cumpleaños en esta nueva etapa y me merezco todo lo que reciba, aunque mi corazón conozca la ausencia de quienes amo y extraño, no hay espacio para la tristeza.
El gato está llegando y trae una garrafa de pisco, viene con dos gatas con “tanguitas de serpiente”, mi voluntad esta noche es frágil, está amarrada con las serpentinas de las fiestas infantiles.
Calíope, musa de misteriosos ojos de gitana, piel suave y aspecto felino. Te agradezco por la inspiración que me trajo hasta aquí, por tu compañía, que algunos llaman talento.
Salud poeta, te traje una gata para celebrar. Feliz cumpleaños
Jajajajaja ¿? - digo sorprendido - gracias gato…Salud, está bueno el pisco.
Calíope me abraza y los gatos maúllan conmigo a la luna distante, estoy vivo.
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