- Salúdame hijo, hoy es el día de la Marina de Guerra del Perú.
Me causó gracia su reclamo, así que lo saludé
- Feliz día de la Marina de Guerra, feliz día viejo lobo de mar, ¿una mujer en cada puerto papá?
- No en todos, hijo. Eso no aprendiste, a ser frío con los sentimientos.
Don Tito, ya estaba en modo Steven Seagal.
- Por qué si no te gustaba el uniforme, por qué ese orgullo de pertenecer a la marina, no lo entiendo, explícame.
- Soy un marino - dijo.
- Estuviste papá, fuiste un marino y hoy ya no lo eres. Por qué sigues celebrando el "Combate de Angamos". Por qué celebramos este día
- Hijo, un marino lo es toda la vida. Soy y sigo siendo un marino, he crecido bajo la estela del Almirante Grau, serví en la armada casi 20 años y luego fui oficial de la marina mercante 25 años más, allí tengo muchos compañeros de armas, que no son solo amigos, son hermanos, templados en momentos de dificultad, experiencias que marcan el carácter, tu crees que esas situaciones han sido un juego de niños. Te cuento…
- ¿Ya vas a empezar, papá? - dije aburrido - ya dale, cuéntame
Está vez no lo calle, quien iba a pensar que sería el último 8 de Octubre que celebraría vivo su orgullosa investidura de marino.
Entonces volvió a contarme la historia de cuando se quedó varado toda una noche con dos compañeros en un peñón en el mar del norte, frente a Tumbes, por que el bote se quebró.
- Rodeados de tiburones, por qué son aguas cálidas ¿Sabes?, nos sacaron por helicóptero. Muertos de frío. Con una soga. Tu crees que el flaco Mendoza, el que iba a la casa no se hizo mi amigo, mi hermano después de esa noche que pasamos mojados agarrados de las rocas.
- Comprendo papá - afirmé mirando sus ojos cansados
Y volvió a contarme otra vez el día que cruzó el desierto de Sechura, cargando dos balones de oxígeno, uno en cada hombro para un faro, al que no podían acceder por mar por lo peligroso que era. Entonces eran enviados con solo con dos manzanas, dos naranjas y una cantimplora llena de agua. Caminaban por horas para cambiar los balones y abastecer el faro.
- ¿Mucho calor papá?
- De 40 grados para arriba, tu no aguantabas. Tu generación es de cristal, se hubieran desmayado
- Recuerda papá que trabajé en construcción en España - dije algo ofendido
- Esa vez Bianchini se quebró el dedo del pie por no bajar bien el balón y …
- Y ya sé, lo ayudaste y lo cargaste al hombro todo el regreso. Y los balones vacíos se quedaron y tuviste que volver por ellos - me adelante a sus palabras algo resentido.
- Ten paciencia con este viejo pues Iván.
- Si papá y qué más….
Y siguió luego con la historia de la patrullera que persiguió a las anchoveteras chilenas que cruzaron a pescar del lado peruano. Esa historia si me gustaba escuchar y siempre le hacía preguntas para atraparlo en alguna contradicción y caer en la mentira. Pero siempre repetía la misma versión…
- Los chilenos no hicieron caso de la orden de ¡Alto! que les dábamos por radio y megáfono. Las bolicheras aceleraron en dirección a la línea de frontera y nuestro "comaaante" ...
Siempre lo decía así y nunca entendí por qué esa forma de decir comandante…
- Ordenó disparar sobre la línea de flotación, fue hermoso verlos arrojarse a la cubierta a los "rotos" asustados. No sé de dónde apareció un avión y picaba sobre nosotros.
- ¿Y qué avión era ? - pregunté para ver si cambiaba la versión
- Esos de instrucción creo que un T 30.
- ¿Si? Y qué más - le preguntaba
- Cuando picaba hacia abajo en vuelo rasante sobre nosotros- decía haciendo ademán con su mano en caída - por la radio nos decía, el piloto, "voy disparar peruano conchetumare", pero no lo hizo. Ya habíamos abordado.
- Buenas historias papá. Salud don Tito, traje un vino para celebrar el día.
- Salud hijo. Si pues, pero nunca escribes sobre mí, no perdonas lo mal padre que fui contigo.
- No papá, no es por eso. Solo somos diferentes. Tú tenías un plan para mí y yo tenía otro. Además tu orgullo siempre fue para mis hermanas. Yo soy solo un escritor sin trabajo, sin mujer, y con mi hijo lejos.
- Yo siempre te pongo un like y comento Iván, en tu facebook.
- Lo sé papá gracias.
- Y la verdad reconozco que has crecido como persona. Estoy orgulloso de tí.
Así es como recuerdo la última tarde que mi padre celebró el día de Grau y el combate de Angamos. El orgulloso marino que dio la vuelta al mundo varias veces y conoció lugares impensados. Don Tito, "Steven Seagal"; para nosotros era un tipo con mucho mundo, lleno de una mezcla de arrogancia por su experiencia y humildad para no parecer presumido.
Había qué preguntarle dónde no estuvo, él conoció ciudades como Calcuta, en la India, donde embargaron la nave y tuvieron que vivir tres meses de la ayuda de otros marinos. Llegó a Australia y Nueva Zelanda, se trajo una mantequilla deliciosa que aún recuerdo. Estuvo también en San Petersburgo, en Rusia, llegó por el río Amarillo hasta Zhengzhou en China. Navegó toda la costa este y oeste de los EEUU, hasta Canadá. A Japón iba dos veces al año, y de allí a Corea del Sur, Europa la conocía como si fuera su casa. De Sudamérica solo le faltó Bolivia, que no tiene mar. Le encantaba Valparaíso y Argentina.
Siempre terminaba siendo el centro de las conversaciones cuando arrancaba a hablar o le preguntaban por sus viajes. Después de Alan García, Steven Seagal para encantar con las palabras.
Fue una tarde amena, conversamos con Mauricio por videollamada y la pasamos muy bien. No le di un abrazo por precaución. Seguimos viéndonos cada vez que le visitaba.
Después de algunos meses mi padre iba a arriar la bandera por el covi19 como tantos peruanos. Murió solo en un pabellón del hospital naval. Y solo me dieron sus cenizas. Por caprichos ajenos no pudimos (mi hijo y yo) cumplir su deseo de esparcirlas en el mar de Grau. Sus cenizas descansan en un país lejano y a él le gustaba su Perú, siempre volvía aquí.
Ese era mi padre, un hombre de aventuras y muchas historias. Siempre distante a mi y poco inclinado a darme la razón. Exigente con sus hijos en cuanto a lo que seríamos. Don Tito era de esos padres que no dejaban que veas sus debilidades y guardaba las lágrimas para cuando estaba solo. No lo vi llorar cuando llegó al Callao después de meses y se enteró que mi abuelita ya no estaba. No lo vi llorar cuando Carolina nos dejó. Pero sé que le dolió mucho. Siempre fue cariñoso con sus nietos y solidario con sus amigos.
Ahora que ya no está me doy cuenta de dónde me viene esa inclinación por contar historias, de dónde aparece esa elocuencia en el hablar que dicen a veces tengo.
Toda la vida rebelde intenté no parecerme a "Steven Seagal"; y resulta que cuando veo el espejo, me encuentro con mi padre. Cuando hablo me dicen, hablas como tú viejo. Antes me fastidiaba. Ahora ya no, solo guardo silencio y lo recuerdo.
Cuando he conocido y escuchado todo lo que se dice de él, cómo lo recuerdan las personas, los amigos, el afecto que prodigó, los consejos que regaló, la ayuda que brindó a muchas personas. Cuando voy conociendo al hombre que era mi padre, me digo en voz baja,
Soy un Adrianzén, hijo de Juan Eduardo Adrianzén Novoa. Soy hijo de un marino. Mi apellido viene de Piura, de la tierra del Almirante Grau.
Papá en la dimensión que te encuentres quiero que sepas que estamos en paz.
Y me siento orgulloso de ser tu hijo.
Feliz 8 de Octubre, Steven Seagal.
Feliz día de la Marina de Guerra del Perú.
Te extraño


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