viernes, 7 de octubre de 2022

El taladro

                



Despierto en la  oscura  madrugada por los gritos de un inconsciente que taladra su pared sin importarle quebrar el silencio y el sueño de quienes vivimos cerca. Digo gritos, porque el mismo imbécil contesta de manera desaforada el reclamo de una vecina del piso de abajo. Hasta los gatos corrieron y las palomas se apartaron con el ruido y los reclamos. Miro el reloj son las cinco, no debería estar taladrando una pared,  recién va a amanecer. 


Trato de adivinar dónde vive ese sujeto para esperarlo cuando salga a comprar el pan y decirle de manera cortés que se vaya a visitar a su señora madre, pero desisto cuando me muevo y siento el tirón en mis piernas, ese dolor que me recuerda la edad que tengo, la ciática es mi compañera más fiel en estos meses. Mi amigo de colegio hoy famoso traumatólogo dice que es temporal. Yo creo que es la falta de sexo y el estrés. Como sea ya estoy despierto. El taladro sigue sonando y las paredes retumban. 


No enciendo la lámpara absorto de las sombras que se dibujan en el techo por la luz que penetra la cortina entreabierta. Una de las sombras se parece al gordo de mi amigo que acaba de embarazar por séptima vez a su esposa estando sin trabajo, está preocupado, solo repite "dios proveerá" me dijo, y no supe qué decirle de bueno; los que tienen fe son asombrosos. "dios esperaba que te cuides idiota, allí es donde te provee" le digo con cariño aprovechando la confianza que nos tenemos. Otra de las sombras me recuerda al acomplejado individuo que despacha en la tienda de al frente y que siempre da el cambio contando en quechua de manera servil. Se ofendió cuando le dije que me hable en castellano. "Es nuestra lengua" dijo. "La tuya" le contesté, "nací en el Callao, crecí en Lima, ¿Te hablo en inglés o te insulto en italiano?" le pregunté. "Fascista" me dijo cuando salía de la bodega. Sigo mirando la pared intentando escoger entre las sombras a quién me puede recordar alguna de las sombras. El taladro sigue sonando inmisericorde, molesta.


Una de las sombras se parece a mi ex, la descarto inmediatamente por salud mental, no vaya a deprimirme de tanto pensar y tengo mucho que hacer hoy.


Han pasado 45 minutos, ahora que el día está aclarando, el taladro por fin guardó silencio. Las sombras se disiparon y mis pensamientos con ellas. 


Me levanto, pongo el hervidor y entro a la ducha, enciendo la therma. Cinco segundos después, un ruido seco me asusta, el agua se enfría de pronto y el hervidor se apagó. Olvidé que no puedo poner ambos a la vez. Termino de bañarme con agua fría. Salgo temblando, pero muy despejado.


Escucho gritos en la calle mientras me cambio de ropa. Hay una mujer que grita con voz chillona parece que no respira al hablar "¿Cómo se te ocurre taladrar a las cinco de la madrugada, inconsciente?" escucho decir cuando miro por la ventana. Hay un hombre  que está por subir a un auto, me doy cuenta que es el “imbécil del taladro” , sin mirar él solo levanta la mano y enseña el dedo medio a la mujer. Que cólera me da su prepotencia. Tengo ganas de bajar y enfrentarlo. Sigo observando mientras apuro en colocarme la ropa. 


Entonces de algún lado aparece un muchacho y le arroja un balde con agua al "imbécil del taladro" que sorprendido grita. Cuando reacciona persigue al joven y se encuentra con un hombre corpulento y grande, detrás de él se ha escudado el muchacho. El “imbécil del taladro” intenta agredir al joven y el hombre grande de un empujón lo arroja al piso. 


Desde la ventana soy un espectador privilegiado. Que satisfacción encuentro al ver mojado al que me despertó esta mañana con el taladro. El imbécil se para y dice algo, casi llora, está indignado. El hombre grande sonriendo lo mira. “No te quejes inconsciente”, le dice “le has levantado el dedo a mi esposa y le quieres pegar a mi hijo”.  De alguna ventana una señora aplaude, me uno a ella, y de otras ventanas otras personas aplauden. La mujer que reclamaba anima al justiciero. El imbécil levanta la mirada con furia y reconozco que es el tendero que habla quechua. Me río con ironía.. 


Suena el teléfono, contesto, es mi hijo desde Brasil.


    - Hola viejo, ¿Cómo estás? ¿Qué dice Lima?

    - Igual que siempre hijo, le contesto.











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