jueves, 12 de mayo de 2022

Déjà vu en un día festivo



Hoy salí temprano a la calle, con el ánimo festivo de un sábado (cosa rara), aunque es lunes. Tenía una reunión en Lima centro y hacia allá me dirigí. Caminé hacia la Av. Brasil y tomé el bus morado que va en dirección al cementerio, cuando llegó a la plaza Bolognesi, en dónde queda la asociación de ciegos, me acordé de la historia de los ciegos que leí de Miguel Rubio, y que estará en su próximo libro, me divierte leer su trabajo. Bajé en Alfonso Ugarte y decidí caminar al encuentro de Roger Ordoñez, mi amigo escritor. Caminando llegué a la plaza Francia, me sorprendió lo ordenada y limpia que estaba, tomé unas fotos recordando a Severus, quien dice que parezco un turista japonés por la cantidad de fotos que suelo tomar cuando camino. Me sonreí con cariño, le voy a enviar un audio. Llegué al viejo bar  Queirolo ¿o taberna? del jirón Camaná, estar allí rodeado del aura de los viejos y letrados  parroquianos, observar las viejas fotografías es una experiencia singular. Roger llegó y conversamos por espacio de dos horas, mi amigo me dejó preocupado, lo noté apagado.  


Esta ciudad tiene un extraño brillo matutino, es extraño que en mayo siga saliendo sol, y hace que extrañe por estas fechas el invierno que me acomoda más. Tenía que ir a la Reniec  y tomé un bus, luego de caminar unas cuadras hasta la Av. Wilson. Soy yo o es la ciudad que ha cambiado, pensé en un momento. Estaba tranquilo pensando en mis proyectos y en lo que tengo que hacer.


Sentado observo a un pasajero, que come un plátano y arroja luego la cáscara por la ventana, la misma escena que muchas veces he contemplado aquí en Lima, y como yo pensarás, parece un déjà vu (ahora se pelea). Me disponía a decir algo cuando una señorita le habló.


  • - No se da cuenta, que lo que hace es de mala educación, tirar la basura a la calle es grosero - dijo con autoridad.
  • - Y a ti qué te importa, ¡anda a cocinar a tu casa! y no jodas - contestó el hombre.
  • - Machista, cochino, ignorante… - le dijo la chica. 

El hombre indignado hizo el ademán de pararse, mientras la señorita no paraba de hablar, de insultarlo, él había arrojado más cáscaras por la ventana, desafiándola y ella le recrimino con más adjetivos su acción, él caminó hacia ella. Todos miraban callados. Mi día festivo se había terminado. Me paré sin moverme de mi lugar, mirándolo fijamente. Lo estudié rápidamente, delgado, casi de mi tamaño, de unos 35 años, puedo, pensé. Me interpuse entre ellos, cuando él acercaba.

  • - ¿Qué te pasa oye? - le dije - Oye…
  • - No se meta viejo de mierda -dijo con rabia - si ella es valiente para insultar que aguante.


Cerré el puño y lo esperé. 


De pronto sentí que alguien me empujó, una sombra. 


Era un joven de espaldas anchas y brazos inmensos, más alto que yo, que raudo pasó por mi costado, sujetó al hombre por el cuello antes de que yo hiciera algo para defender a la chica. Solo necesitó levantar el brazo para que el otro se derrumbara y dejará su matonería. A empujones fue bajado del bus, que se había detenido en un paradero. La señorita agradeció a su héroe y a mí.


  • - Por eso estamos así, solo un "adulto mayor" y un joven venezolano, se metieron. Y todos mirando. Ese es nuestro Perú, no defendemos nuestros derechos. - dijo con indignación la joven.


Y yo pensando, no me agradezcas hija, ¿adulto mayor? ¿tan viejo me veo?...


Llegué a mi destino y me bajé en silencio por la puerta de atrás. Riendo en silencio, me salvó el fisiculturista. 


Sigo con mis proyectos.






 

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