Hay penas que se esconden
en algún recodo del alma
que no se calman,
allí están como dagas que duelen
en cada recuerdo
cuando el aroma de un café evoca una sonrisa
Hay penas que a nadie le importa,
duele más la indiferencia
que el olvido
duele más el silencio
entre la bruma del malecón
cuando los pasos no tienen rumbo
y sabes que no hay respuestas
ni retornos
Hay penas que acompañan toda una vida
Hay penas que se esfumarian
con solo verte
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