Hay puertas que es mejor no tocar
hay versos que convendría callar
hay esperas que no debería esperar
hay lazos que debería olvidar
labios que jamás besaran
tumbas que abandonar
llamadas que no se harán
No siempre nos vestimos de acero
Hay tardes que de frías
solo dejan humeros
impregnados de olvido
pensamientos tristes
pasos rengos, cansados
No siempre somos robles
Hay sentimientos que se van
sin volver
silencios atados a ramas quebradas
libros de hojas amarillas, solitarias
palabras mudas marchitas
Hay puertas que no debería abrir
hay domingos fríos
ventanas sin estrenar
nudos sin desatar
Hay voces que debería ignorar
latidos que debería detener
nombres que secan mi voz
Hay puertas que se deben cerrar
Y la llave abandonar
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