miércoles, 2 de junio de 2021

Caminata por El Olivar

Parque El Olivar (Lima)

A mi padre no le gustaba el uniforme y desafiaba a su manera las reglas, cuando él desembarcaba en el muelle de guerra de la plaza Grau del Callao, se dirigía a un restaurante que estaba en ese entonces por la calle Constitución, y allí se cambiaba el uniforme por ropas de civil. Mi madre me contaba que alguna vez sospechó que él tenía alguna amante, porque nunca llegaba con el uniforme a casa. Un día ella decidida lo esperó y él feliz de verla le pidió que lo acompañara al bar en donde se cambió, disipando las dudas de ella y juntos se fueron a pasear por la Avenida Saenz Peña, felices. Un día un oficial se dió cuenta de lo que hacía y lo sancionó, decía que le avergonzaba el uniforme. No dejó de cambiarse en la calle Constitución.

Cuando adolescente mi madre me contaba esa historia, pensaba que el viejo, como ya le llamaba en ese entonces, era un rebelde y eso admiraba. Cuando llegaba de viaje su corta estadía la esperaba con ansias y con la ilusión de contarle mis experiencias. Pero mi padre tenía muchos amigos y a veces dedicaba más de su tiempo a las amistades y la familia. Al comienzo ese hecho me causaba pena, porque quería estar con él y escuchar sus largas historias por horas, él era mi héroe. Con el tiempo me fui acostumbrando a su presencia temporal y a sus largas ausencias. Ambos nos fuimos adaptando a esa distancia. Hasta que un día nos vimos extraños y la distancia entre nosotros se hizo grande.
A pesar de ello, recuerdo que él siempre repetía, “ Siempre actúa y piensa por ti mismo”
Y el viejo a pesar de ser como era, tenía mucha razón. Pensaba en ello cuando caminaba por el Olivar de San Isidro.
Mientras caminaba por entre esos árboles viejos y escuchaba el canto de las aves, mientras observaba a los niños correr seguidos de sus padres, mientras escuchaba esa voz afectuosa que me repetía por enésima vez, encuentra tu voz interior. Recordé a Steven.
Recordé aquella vez en Madrid que me dió su mano temblorosa para ayudarle a bajar del bus, la caminata por el Retiro, la laguna y su frase “ eres un rebelde, haces lo que quieres” y yo sonreí sin contestar para evitar una discusión inútil.
Tenía razón, la mayoría de las veces voy contracorriente, pienso de manera peculiar y hago lo que muchos no harían. Soy capaz de creer que los sueños se cumplen y de alguna manera a pesar de las risas y lágrimas he llegado hasta aquí.
Hay patrones que aún se deben de romper, cosas nuevas que aprender, caminos que andar. Hay abrazos que debo brindar y recibir, miradas que ofrecer y sonrisas que regalar.
Después de todo viejo estamos en paz.







Parque El Retiro (Madrid)

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