Ya no reto a la noche
no le grito tu nombre
para qué, si soy olvido
Ya no reto a los hombres
y arrastro los pies de cansado
no recuerdo tu sombra
el llanto de nimbos enfría el alma
El humero duele
la tibia cruje
y la iglesia
desaparece de oscura
Soy libre, he muerto
pero aún te quiero




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