Cuando leí "Los Heraldos Negros", aquellos versos marcaron mi
vida…entendí y comprendí que esos eran los versos que mi abuelo Antonio,
declamaba mientras tomaba una cerveza sentado en la mesa...o cuando me llevaba
al barrio del Porvenir donde su amigo Abel, para cortarme el pelo, al estilo
nazi..."Hay golpes en la vida..." hijo, decía mi
abuelo, mientras ponía el cambio en su viejo Ford del 36, doblando por las
calles de La Victoria...y seguía..."tan fuertes...!yo no
sé!..." y a mí la vida me ha golpeado mucho, pero aquí estamos hijo,
listos para seguir..." abren zanjas oscuras, en el rostro más
fiero.."....mira mis arrugas y las canas que peino.
Y yo, desde mis 7 años le miraba más preocupado por lo que sucedería con
mi pelo cuando llegáramos donde su amigo..."Vallejo era de Santiago
de Chuco, cerca de donde nací, conocí su casa...el más grande poeta
peruano..." decía al aparcar el viejo Ford celeste, delante
de la peluquería, y yo sentía crecer mis temores, cuando divisaba al hombre de
guardapolvo blanco...
"Vallejo, era un grande, fue un
grande...seguirá siendo un grande... Mientras no lo olviden...y tú no lo
olvidarás...! Promételo, hijo! ...”y yo… "Si
abuelito" contestaba aterrado cuando las tijeras cortaban mi
cabello y cerraba mis ojos...mi molestia y odio posterior por el amigo Abel, el
peluquero, se calmaba con dos chocolates Cua –Cua, una gaseosa
Pasteurina y dos riquísimos Chancay...mientras
mi abuelo conducía a casa, declamando a Vallejo, otra vez.
Pasaron muchos años de esa escena que recuerdo...
Un día, me pidieron en Madrid, que expusiera sobre un poeta
peruano, en una tarde de café con mis compañeros del Pontón, donde
estudiaba literatura. Les presente a Cesar Vallejo, su vida y obra,
mis amigos españoles se deleitaron de sus versos y solicitaron que les leyera
el que más me gustaba…
Cuanto recordé aquella tarde a mi abuelo Antonio Sandoval Honorio,
difícil describir los sentimientos del momento, mi sangre hervía y la emoción
no cabía en mí cuando en voz alta pronuncié..." Hay golpes en la
vida...tan fuertes ¡yo no sé!..."
Abuelo...no olvidé a Vallejo...
Ni a ti tampoco...


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