domingo, 15 de abril de 2018

Homenaje...


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Cuando leí "Los Heraldos Negros", aquellos versos marcaron mi vida…entendí y comprendí que esos eran los versos que mi abuelo Antonio, declamaba mientras tomaba una cerveza sentado en la mesa...o cuando me llevaba al barrio del Porvenir donde su amigo Abel, para cortarme el pelo, al estilo nazi..."Hay golpes en la vida..." hijo, decía mi abuelo, mientras ponía el cambio en su viejo Ford del 36, doblando por las calles de La Victoria...y seguía..."tan fuertes...!yo no sé!..." y a mí la vida me ha golpeado mucho, pero aquí estamos hijo, listos para seguir..." abren zanjas oscuras, en el rostro más fiero.."....mira mis arrugas y las canas que peino.



Y yo, desde mis 7 años le miraba más preocupado por lo que sucedería con mi pelo cuando llegáramos donde su amigo..."Vallejo era de Santiago de Chuco, cerca de donde nací, conocí su casa...el más grande poeta peruano..." decía al aparcar el viejo Ford celeste, delante de la peluquería, y yo sentía crecer mis temores, cuando divisaba al hombre de guardapolvo blanco...

"Vallejo, era un grande, fue un grande...seguirá siendo un grande... Mientras no lo olviden...y tú no lo olvidarás...! Promételo, hijo! ...”y yo… "Si abuelito" contestaba aterrado cuando las tijeras cortaban mi cabello y cerraba mis ojos...mi molestia y odio posterior por el amigo Abel, el peluquero, se calmaba con dos chocolates  Cua –Cua, una gaseosa Pasteurina y dos riquísimos Chancay...mientras mi abuelo conducía a casa, declamando a Vallejo, otra vez.

Pasaron muchos años de esa escena que recuerdo...

Un día, me pidieron en Madrid, que expusiera sobre un poeta peruano,  en una tarde de café con mis compañeros del Pontón, donde estudiaba literatura. Les presente  a Cesar Vallejo, su vida y obra, mis amigos españoles se deleitaron de sus versos y solicitaron que les leyera el que más me gustaba…

Cuanto recordé aquella tarde a mi abuelo Antonio Sandoval Honorio, difícil describir los sentimientos del momento, mi sangre hervía y la emoción no cabía en mí cuando en voz alta pronuncié..." Hay golpes en la vida...tan fuertes ¡yo no sé!..."

Abuelo...no olvidé a Vallejo...

Ni a ti tampoco...





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