sábado, 2 de diciembre de 2017

Mi familia de Trujillo....


Y el sacerdote dijo:

  • Podemos ir en paz...
  • Gracias Señor… - respondió al unísono el pueblo de Dios

Y ellos, mi familia trujillana, se fundieron en un abrazo interminable, emotivo y profundo... rodaban las lágrimas en todos ellos...hijos, nietos, sobrinos, tíos, todos ellos como un solo puño, como un solo sentimiento, como un gran corazón doliente se estrecharon en un largo abrazo….no uno por uno, no se me entienda mal. Un solo abrazo que abarcó a todos ellos...un abrazo que transmitía mucho amor, un abrazo que era un espontáneo homenaje para la  Mamá Olga que  ellos despedían con dolor y tristeza….un abrazo que llevaba el sello de la  matriarca  de una familia que se precia de ser unida...un abrazo con el pensamiento en Mamá Olga, un abrazo de todos aquellos a quienes ella tocó con su corazón lleno de amor, de paciente sabiduría, de humilde actitud, de sencilla presencia...de su luz, que transformaba lo malo en bueno,  lo improbable en  certeza, lo imposible...en ganas de realizarlo….porque así era ella…y así fue su hermana...mi abuelita Lucrecia...y todos los hijos de la abuela Peta...luchadores, nobles, humanos…simples y sabios...

Hoy, mi familia en Trujillo, transforma, estoy seguro, el dolor de la pérdida física, en un devenir diario de recuerdos, en un constante  homenaje a quien es y será el tronco de todos ellos, Mamá Olga. Cada uno lleva el luto a su manera, no necesariamente con colores negros y grises. Cada uno con su aporte, con su sonrisa, con su grito, con su silencio, con palabras que son una extensión de lo que aprendieron en la casa grande de Santa Inés. Cada uno se emociona en algún rincón de aquel hogar...y la tristeza también se transforma en risa alegre, en juegos, en bromas, en abrazo fraterno….lo he visto...lo he sentido, lo he experimentado...he sido parte de ellos…quiero seguir siendo parte de esta familia...como heredero de Lucrecia, hijo de Coty…ahijado de Andrés...

Cómo se mide el valor de una persona me pregunto a veces, como podemos considerar que alguien pasó por esta vida, dejando fruto o tuvo éxito en todo lo que emprendía...como será recordado...o qué se dirá de aquella persona.  Algunos considerarán, creo, que dependerá de lo abultada  que puede estar su cuenta bancaria, otros afirmarán que se basa en las pertenencias, propiedades, valores que pueda acumular... algunos más, piensan, creo, que el valor radica en lo que puede ofrecer a los demás, ¿cuanto das, cuanto recibes?….inseguro de que estas, mis disquisiciones puedan tener valor o no, sean ciertas o no...concluyo entonces...que no soy quien para definir el valor de cada uno...creo que eso es una valoración muy subjetiva. Pero en este único caso tu valor, Mamá Olga, trasciende el juzgamiento subjetivo, objetivo y demás consideraciones…como con mi abuelita Lucrecia.


Aquel abrazo, del que fui testigo mudo, me permitió percibir el amor de  Dios, aquellas lágrimas derramadas de emoción trajeron a mi memoria a Lucrecia y todo lo que ella siempre nos enseñó, “sigan juntos…” dijo....Aquel abrazo, solo me permitió comprender y envidiar lo que mi familia trujillana tiene y nosotros los hijos y nietos de Luca, perdimos y olvidamos….La familia lo es todo...ella puede ser tu fuerza...sin embargo, nosotros no supimos mantener aquel legado....nos perdimos por el mundo y rompimos el lazo de unión que nos dejaste…esa es otra historia que aún no tiene final… y no seré yo quien escriba este párrafo...serán los corazones de quienes entiendan y recuerden aquellos ojitos chinitos, que nos amó más allá de su propio corazón…

El valor de una persona radicará entonces, creo...en los recuerdos que nos deja marcados en nuestra memoria, el valor de una persona se calculará, creo, en el vacío que deja en nuestro interior...y Mamá Olga...dejas muchos recuerdos y mucho vacío en la vida de muchos de los que te conocimos....Yo, a pesar de los años transcurridos recuerdo siempre a mi querida Luca, recuerdo a mi abuelo Antonio...y ahora te recordaré querida Mamá Olga...vivamos de tal manera que nuestros actos honren a quienes decimos llevar con nosotros…no sé si he actuado bien hasta hoy….pero es tiempo de enmendar algunas cosas....

El valor de alguien no está, en lo que nos pueda ofrecer. Su valor siempre estará en cuanto es capaz de entregar para hacer feliz a los demás, de cuanto pueden  procurar hacer para la  felicidad de quienes tienen cerca, perdonando el pasado, viviendo el presente, proyectando un futuro de confianza para ellos...resaltando lo bueno que ven, minimizando defectos…Así lo aprendieron y así lo hacían, mi Luca y Mamá Olga...ver lo bueno en los demás....ellas...no dejaron riquezas, ellas...nos dejaron lo mejor que tuvieron y supieron acrecentar, su amor...un amor tan grande que llegó a todos los de corazón simple...Para mi ese es su real valor, no lo creo...estoy seguro de ello...quisiera ser recordado igual alguna vez...yo las recuerdo con el amor que supieron brindarme...ese amor que guardo para todos a quienes llamo familia....aunque  ya no me quieran cerca de ellos....y ya no se sientan parte de mí...no une la sangre, une el amor y el afecto....sincero

  • ¿Como estas hermana, bienvenida a Lima?
  • Hooolaaaa Lucrecia como estas hermanita…Acompañando al viejo, que vino a comprar repuestos…
  • Hola Ivancito, ¿Cómo estás?
  • Bien tía Olga
  • Siempre tragón y panero…seguro
  • Ay, si...no sabemos qué hacer con este chico….no le gusta el pescado…solo pan
  • ¿Quééééé? Chalaco y no come pescado…- dijo la tía Olga riéndose…
  • Terminó la secundaria y aún no sabe que va a hacer… - dijo Lucrecia
  • Ya encontrará su camino…- contestó la tía Olga…
  • Si, hermana...mi nieto no corre, pero algún día volará… - agregó mi Luca
  • Mientras sucede...que siga comiendo pan con mantequilla…- dijo la tía y se rieron juntas...

Y se pusieron a cocinar algo entre ellas...mientras las miraba desde mi lugar...pensando ….ojalá no sea pescado….

En navidad….iré a Trujillo...no estoy solo...mi familia es extensa...mi corazón guarda a todos...






La imagen puede contener: 17 personas, personas sonriendo, personas de pie










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