sábado, 6 de enero de 2024

UNA HISTORIA SINGULAR: RATER, "HIGHWAY TO HELL"



Rater se recuperó pronto de sus heridas y en las semanas siguientes se compró un Chevrolet Printmaster descapotable de 1946 que reparó a su gusto, le puso ruedas nuevas y cambió la faja de distribución. En el auto se paseaban junto con él tres amigos más, al parecer contagiados de la misma locura por hacer cosas singulares. Después de haber agotado todos los lugares en Pueblo Libre por donde pasear e ir a tomar, además de visitar a todas las chicas que conocían y subirlas en el descapotable, una tarde de jueves se vieron aburridos todos ellos. Luego de deliberar decidieron viajar a Huaraz en el Chevrolet.  A Rater la aventura le seducía, más aún cuando la vez anterior no había llegado a Huaraz.

 

Salieron muy temprano en dirección a Huaraz, entusiasmados y contentos, alguno se quejó de la hora pues aún estaba oscuro. A nadie le importó, ya estaban en la carretera al norte cuando comenzó a amanecer.  En la cassetera sonaba a todo volumen “Highway to hell”, Rater conducía lleno de adrenalina.

 

Desayunaron en Huaral y se quedaron comprando fruta un par de horas, luego retomaron el camino, sin detenerse hasta Barranca, en donde almorzaron, tomándose  unas cervezas. Después de descansar iniciaron la subida a la sierra.  Todo marcha bien, la carretera a la sierra de Huaraz es una de las pocas bien conservadas del Perú, se detenían a tomar fotos o tan solo a contemplar los hermosos paisajes que encontraban en el camino. Cuando pasaron Catac y se dirigían hacia Recuay, el auto se apagó, al parecer el relé que regula el paso de electricidad del auto se quemó. Revisaron la batería que estaba bien y nada más pudieron hacer.


Allí estaban los cuatro amigos en medio de la carretera hacia Huaraz, eran las cinco y treinta de la tarde   ya comenzaba a oscurecer y el frío se iba acentuando, de sus mochilas sacaron polos y casacas, se cubrieron las cabezas con  gorros y pasamontañas. Nadie paraba para auxiliarlos, los confundÍan con ladrones de caminos. Como sea, la noche cayó sobre ellos y el frío de la sierra los abrazó.

 

- Tengo frío - dijo uno - estoy con un buzo sobre el jeans, pero igual me congelo

- Acércate que yo estoy igual - dijo otro de ellos - abrázame para entrar en calor 

- Déjate de mariconadas - dijo el tercero

- Carajo si nos pegamos quizás el calor de nuestros cuerpos nos caliente - dijo lúcido Rater, recordando una clase de física del colegio.


Y eso hicieron, se sentaron los cuatro en el asiento de atrás.

 

- Corre aire, sigo con frío - dijo uno

- Es cierto - contestó el otro

- Abrázame más fuerte - afirmó el tercero

- ¡Carajo! Parecen mariquitas - reclamó otra vez Rater - saquemos el relleno del asiento y nos metemos allí, será mejor. 


Y así lo hicieron, cortaron el asiento y fueron sacando el relleno acumulando todo alrededor lo mejor que pudieron, fue una agradable sorpresa encontrar debajo del asiento una botella de pisco olvidada con la mitad del contenido. Se alegraron y procedieron a consumirla en la oscuridad de la carretera. El cielo que tenían sobre ellos estaba tapizado de estrellas lo que hacía de la experiencia algo que no olvidarÍan por mucho tiempo. Fumaron un cigarro tras otro. El auto descapotable no los abrigaba mucho.

 

- Rater - le dijo el tercero después de dos largos tragos de pisco.

- ¿Qué? - preguntó el aludido.

- Creo que te quiero amigo, abrázame fuerte por favor - contestó con melosa voz el tercero.

- ¡Calla mierda! - contestó secamente Rater.


Los cuatro rieron de la ocurrencia y se dispusieron a pasar la noche allí, juntándose uno al otro, abandonando todo perjuicio.


El amanecer los sorprendió a los cuatro abrazados y temblando por el frío que sentían, sin ganas de hacer bromas salieron del cubil improvisado que los protegió de la helada. Caminaron y corrieron como locos por el campo para entrar en calor. Ya de día pidieron ayuda a un camión que acertó pasar por allí y que está vez se detuvo. Luego de explicarle al chófer lo sucedido, este accedió a llevar a uno hasta la ciudad de Huaraz, fue el tercero el elegido para ir. Allí con la ayuda de otros amigos consiguió una grúa y luego de darles alcance a los varados remolcaron el Chevrolet Printmaster descapotable hasta la ciudad de Huaraz. Encontraron un mecánico que los ayudó. 

 

La aventura concluyó después de reparar el auto y regresar a Lima sin hacer escala. No querían más contratiempos 

 

A las dos semanas Rater vendió el auto y la moto Honda 125 y con el dinero obtenido viajó en compañía de su amigo Eduardo para Arica. Allí compró una Yamaha con la que regresaron a Lima haciendo ruta por Tacna, Arequipa, Ica hasta Lima.

 

Estaba contento pues luego de unos días vendió la Yamaha por un buen precio. Había descubierto que su afición por las motos también era el tipo de negocios que quería hacer en su vida. Estaba haciendo planes para comprar dos motos más, estaba entusiasmado.


Pero recibió una llamada que cambiaría su vida. 

 

- Justo ahora que todo va bien - dijo sujetando el crucifijo que colgaba de su cuello.

 

CONTINUARA...







 


 

miércoles, 3 de enero de 2024

UNA HISTORIA SINGULAR, RATER





Alguien le dijo un día Ratero cuando el Pollo buscaba su lapicero, y él solo se rio o creímos que lo hizo,  pues solo fue un rictus imperceptible de sus labios, parece que frunció algo la frente y dejó escapar un lacónico “ja”. Para su compañero de carpeta, el Perro - quien descifraba sus gestos - él  se había reído a carcajadas.  

Nunca aparecieron el lapicero del Pollo, la cartuchera y sus plumones, literalmente fue desplumado de sus útiles. Pero desde aquel día le llamaron Ratero y el Pollo siguió siendo el Pollo.


Un día, Ratero, que con el tiempo devino en Rater, porque era más “cool” y más corto.  se dedicó a engrapar los cuadernos de los compañeros del aula a las carpetas de madera en las que se sentaban, 

 

- ¿por qué lo hiciste? - le preguntó el tutor del salón

- Quería ver sus caras..-  dijo sin inmutarse - para reírme un rato -  agregó luego. 


El tutor y el auxiliar se sujetaron entre ellos para no caerle encima y molerlo a palos, fue suspendido por algunos días. Nosotros lo veíamos como alguien extraño y singular. Las intervenciones y comentarios de Rater en las clases, siempre hacía que los demás nos riamos por lo descabelladas y graciosas que sonaban.

 

- Profesor yo recuerdo que - de pronto como si recordara algo guardaba silencio - ya, ya recordé - agregaba como si no le importara nada, tomando asiento.

- ¿Puedo continuar alumno? - preguntaba nuestro profesor de geografía a quien llamábamos “linterna verde”, por sus grandes anteojos verdes.

- Si claro profe - decía muy serio Rater entre las sonrisas de todos nosotros.

 

O cuando debía responder, su ansiedad le ganaba

 

-  Alumno -dirigiéndose a un distraído Rater - ¿Cómo hallamos  la distancia que recorre una manzana que dejamos caer desde una altura?... 

 

Y el aludido perplejo mira a su compañero el Perro en busca de ayuda y este le dice algo y  Rater repite de  inmediato, sin razonar la respuesta.

 

- ¡Convertimos kilómetros en segundos…!!!” 

 

Risa general, el profesor anuncia que la respuesta le significará un desaprobado y luego el sonido de un golpe en un hombro y una queja lastimera del Perro “ay” y otra vez la risa de todos.

 

 “La luna de atrás que no tiene luna” dijo un día “milímetros de pulgadas” dijo otro día,  “entré a una cochera… que no era cochera”....y así sus expresiones se fueron haciendo memorables entre todos nosotros. 

 

Con el tiempo Rater comenzó a pelearse con cualquiera  que se le pusiera delante retándolo, ganara o perdiera su contrincante siempre se llevaba un buen recuerdo, una camisa rota, un pantalón desgarrado o la cara magullada.  Desde entonces hasta el más matón del aula comenzó a cuidarse de él, pues decían que estaba loco.


- ¡Chino, el Rater me está molestando…! 

- Defiéndete Perro, ya estás grande… - contestaba el aludido.

- Pero yo te llevo a la YMCA… - dijo casi sollozando el muchacho al que todos llamaban Perro. 

- Rater está rayado, con él no me meto, no lo jodas Perro - contestaba el Chino.

 

Pero el Rater tenía buen corazón, no era abusivo, era muy ingenioso en sus bromas y más que molestarse, los demás se reían de su ingenio… famosos eran sus sonoros golpes en el pecho o espalda, cuando lo molestabas o te burlabas demasiado de él. La "Mancha" lo trataba con respeto y cariño, pero él prefería estar con el Perro. 

 

Siempre fue leal y sencillo, amigo confiable, mientras algo tuyo no le gustara. Eso sí, te advertía que desaparecería si te descuidabas, esa era su cortesía , eso decía  él. 

 

Conforme crecimos, su afición por las motos y el alcohol, aumentó exponencialmente. 

 

Llegó al colegio contándonos que escuchaba a AC/DC y desde allí se convirtió en fanático del rock clásico, los fines de semana sus exhibiciones de  baile - cuando estaba bebido - al ritmo de la emblemática  Thundertracks, fueron apoteósicas. Rater danzaba hasta quedar en cueros para risa de todos sus amigos, que nada podían hacer para impedir que se fuera desnudando, él tenía que bailar y lo hacía  a su gusto. Luego  cuando le recordaban lo que había hecho el fin de semana, sólo hacía ese rictus imperceptible que interpretamos como su sonrisa.

 

Al poco tiempo terminamos el colegio y dejamos de vernos, pues muchos hicieron su propio camino.

 

Supe después que un día se compró una moto, la cual desarmaba y armaba a su gusto,  se paseaba con ella por todo Pueblo Libre  enfundado en una chaqueta negra de cuero, jeans y botas negras, como todo un rebelde.

 

Me contaron que su pasión por las motos lo llevó a conocer a personas con su misma afición y con ellos organizaba paseos y viajes a sitios cercanos, así fue que se aventuró con sus amigos moteros en un viaje a Huaraz cada uno  en su moto, Rater tenía una antigua Honda 125 reparada por él. Salieron todos juntos y enrumbaron por la carretera panamericana norte sin ningún contratiempo. A la altura de Huarmey, al norte de Lima, tomaron la carretera en dirección hacia los Andes, camino a la ciudad  de Huaraz. Rater poco a poco se iba quedando rezagado, ya que su moto no subía hacia la sierra con la misma fuerza y velocidad que en la costa. Cuando se encontró solo y a distancia del grupo,  decidió detener un camión de carga y le solicitó que lo llevarán. La moto siendo tan pesada no pudo ser colocada en la tolva del camión, entonces le pidió al chofer del camión que lo remolcara. Amarraron entonces una soga al camión y otra a la moto.  La tarde cedía y la noche estaba por caer, así fueron subiendo hacia la sierra con  Rater cansado por el esfuerzo se queda dormido, justo cuando el camión toma una curva. Sin reacción  de parte del piloto la moto siguió recta hacia el barranco mientras el camión giraba hacia la izquierda.

 

Rater se despierta cuando siente el vacío de la caída, la moto por un lado, él por otro. Un barranco lleno de piedras lo recibe y rueda cuesta abajo. 

 

Perdió el conocimiento.

 

Casi es de noche, no sabe dónde está. Solo ve una luz a lo lejos y hacia allí camina, luego de recuperar la moto que por suerte no está descompuesta. Le duele todo el cuerpo, está sangrando del brazo un poco, le duele la cabeza, el casco lo ha salvado.


Le abre un hombre que desconfiado lo mira de pies a cabeza. Lo ayuda cuando lo ve magullado y sucio. Ponen la moto a un costado de lo que parece ser un gallinero. La noche ha caído, la oscuridad lo envuelve todo. El hombre aún desconfiado le da dos frazadas y le señala un espacio junto a la puerta. Se acomoda allí y cubre su adolorido cuerpo. Allí lo sorprendió la mañana, luego de agradecer al buen samaritano se fue. Cómo pudo regresó a Lima.  Sus compañeros lo vieron después de varios días totalmente magullado.


CONTINUARA...




sábado, 30 de diciembre de 2023

LOS CHICHARRONES DE MUNE

A la familia Gaja la conocí por mi amigo Arturo Hiraoka (quien con el tiempo sería padrino de mi hijo Mauricio) cuando éramos catequistas de las confirmaciones del colegio la Unión. Una madrugada saliendo de una reunión “de toque a toque” con mis amigos nikkei, me dijeron vamos al KIO a comer chicharrón y aunque no conocía, acepté confiado. 

 

Y allí estábamos todos haciendo cola a las 7.30 en las puertas del KIO. Una vez que abrieron y entramos Arturo luego de comernos un riquísimo pan con chicharrón, recomendó el pan con pollo que ofrecían allí. Hasta hoy no recuerdo una mejor manera de calmar mis resacas y amanecidas. Desde ese día me volví adicto a los desayunos domingueros con mis amigos Gaja, con el tiempo iba con mi hijo, que se hizo fanático de la hamburguesa, hasta ahora la recuerda, pues la asocia a nuestras caminatas.


No me detendré a explicar la calidad de lo que preparaban, solo diré que por muchos años los chicharrones de KIO lideraron por su sabor y calidad los gustos de quienes tenían el antojo de comer bien y con un justo precio un desayuno tradicional peruano. Y que además los dueños te reciban con alegría y amabilidad, era un plus adicional.

 

- ¿Esta vez invita la casa? - nos dijo más de una vez el “nisan” (señor) de la familia.

- No señor, es su negocio, venimos a consumir - dijimos abrumados por su amabilidad Arturo y yo, también más de una vez

- Entonces será un sanguche especial para ustedes - decía con una sonrisa inmediatamente la “nesan” (señora) de los Gaja.


Era gracioso ver las caras de los demás comensales cuando pasaban nuestros inmensos panes con chicharrón hasta nuestra mesa. Uno solo bastaba para dejar de almorzar, pero  nosotros no dejábamos de compartir un pan con pollo, luego regresábamos a casa caminando totalmente satisfechos y llenos. 

 

Particularmente a mí me encantaba ver a toda la familia aportando en el negocio familiar, allí todos trabajaban, papá, mamá y los hijos; para mi fue sorprendente, recuerdo,  conocer al pequeño Mune de 7 años, y ver que estaba encargado de colocar las servilletas y los cubiertos en la mesas, pues por su tamaño no podía llevar los azafates con los pedidos. Siempre he admirado la disciplina por el trabajo de la colonia nikkei, y en el caso de ellos lo veía en el pequeño Mune, su deseo de colaborar. 


Una tarde, estando en el colegio La Unión, Mune se acercó y con confianza e inocente expresión me dijo,

 

- Oe Iván no han venido a recogerme, se olvidaron de mí - dijo sonriendo

- ¿Qué pasó chato? - le dije con asombro, riéndome. 

- Nada, acompáñame a cruzar la avenida La Marina -  agregó el pequeño Mune.

 

Y así lo hice en dos oportunidades. Era gracioso escuchar sus historias de niño, lo que hacía la caminata más amena. Al final nos hicimos amigos y poco a poco lo vi crecer y asumir más responsabilidades dentro de su familia… 

 

Te parecerá sorprendente amable lector, pero todos esos recuerdos con los que  inicio este post volvieron a mi hace unos días cuando caminaba hacia el mercado Bolívar de Pueblo Libre. Por esas casualidades  de la vida, al doblar una esquina y acercarme hacia el mercado, encuentro al pequeño Mune (que ya es un hombre casado y con hijas) en la puerta de su nuevo negocio tomándose fotos con amigos junto a su siempre bella esposa Reyko. Luego de saludarlos efusivamente entré  a su acogedor local mientras me contaban que hace unos días habían iniciado su nuevo emprendimiento, me alegré por ellos y me animé a pedir una hamburguesa con chicha morada, para empezar.

 

Demás está decir la cantidad de sensaciones y recuerdos que se acumularon con solo sentir el sabor en mi paladar, recordé a mi querido amigo y compadre Arturo y a todos los amigos nikkei que me honran con su amistad hasta hoy, también las caminatas con mi hijo para comer en el negocio de sus padres, los desayunos con mi padre y mi hermana Carolina, cuando los llevé a conocer a mis amigos. La emoción fue alucinante.

 

Regresaré, dije y así lo hice a los dos días, quería probar el pan con chicharrón que tanto me gustaba años atrás. La experiencia fue por demás impresionante.  

 

La explosión en mi paladar de los sabores fue mágica, el mismo gusto agradable de la sazón heredada por Mune, el menor de los hijos de los queridos señores Gaja, hace del pan con chicharrón uno de los mejores que he probado. Es increíble como el sabor puede ser el medio que traiga tantos recuerdos gratos guardados en el subconsciente y te transporte a épocas que viviste con intensidad.

Una preparación, como ellos dicen, “hecha con amor y con tradición”.

 Mune y Reyko conservan la  tradición y el legado de los padres, la preparación de sus productos y la  excelente atención que brindan guardan el toque particular de la familia. Desde que entras te reciben con alegría y cariño, haciendo de tu experiencia culinaria una aventura que disfrutarás totalmente.

 En mi caso, esa experiencia, es un paseo mágico - vuelvo a decir - por mis recuerdos cada vez que paso a visitarlos.

 Por eso querido lector te invito a que vayas (cuando puedas) a degustar un excelente desayuno y uno de los mejores chicharrones de Lima, en Pueblo Libre.

 “El legado continúa”, dicen Mune y Reyko y es cierto.

 Te dejo la dirección, disfrútalo.

 ISAN Restaurante. LEGADO SANGUCHERO

Sus horarios de atención son de 7.30 am a 7.00 pm de lunes a sábado y domingos hasta las 2.00 pm. pues tienen que descansar.

 La dirección es calle Mariano Pastor Sevilla 252, Pueblo Libre, como referencia a la espalda del mercado Bolívar.

No te arrepentirás











lunes, 18 de septiembre de 2023

NN


No moriré en París,

lo haré en alguna buhardilla

con vista a un bosque de robles,

contemplando el arco iris

entre historias y poemas

que sólo tú entenderías


No tocaré cucharas

frente a un pelotón de fusilamiento

no es época de héroes

solo dormiré entre dátiles

bañado de sábila


Moriré seguro con una palabra cursi

o quizás en un verso,

escrito frente a un crepúsculo


No seré cena de gusanos

moriré contigo

y ascenderé al cielo


Contra la memoria de tus brazos