lunes, 21 de diciembre de 2020

Tercera hora


 

En la hora preferida del ladrón 

en la hora de las animas

en la hora del silencio

en la hora que duermes

en la hora de mi insomnio crónico

estás en mi etéreo deseo

tocando mi piel

respirando mi pecho

palpitando a coro con latidos míos


En la hora que muere la razón

en la hora del maullido 

en la hora de los amantes shakespearanos

estás besando mis pensamientos

jurando amor eterno

rasgando el alma trémula

que te extraña 


En la hora del mutismo

mis manos crispadas 

aprietan las sábanas 

la memoria trae melodías

Hallelujah...

grita la imaginación 

y se desvanece tu presencia 


Estoy aquí 

contemplando el cielo raso,

sucede que mi espíritu 

está contigo 


Y no quiere volver


En la tercera hora de cada madrugada

beso tu recuerdo  










Blasfemia

 





Que Dios perdone la blasfemia de querer 

a quien olvido mis manos

que Dios derrame misericordia 

sobre el corazón que está perdido,

que el Hades aparte demonios constantes

que libere la parte de mi alma que aguarda

que el miedo sea breve 

que la risa explote en el alma

y que la paz finalmente me alcance


Que Dios perdone mi romance con Alfonsina

la seducción del mar en mis retinas

el coqueteo con el silencio

la inconforme lid con el tedio 

y que cure la herida que se abre

cada que pienso en mis difuntos

cada vez que lloro por amores que he perdido


Que Dios perdone mis blasfemias

cuando expongo mis creencias

cuando no distingo al bueno del malo

y veo solo humanos

cuando la pasión se impone 

cuando el deseo arrebata

cuando la pena me embarga

y olvido que por necio, no llevo culpas de otros


Que Dios perdone estos versos

que no alcanzan a ser lisonjas

menos alabanzas,

al abrigo de la bruma

un ángel habló

“Para ti ya no hay Arco Iris, solo camino. Anda ve”


En carne viva, pienso, debo partir


Que Dios perdone la blasfemia de quererla todavía

de dejar el alma atrás

de tener las manos vacías.









miércoles, 1 de julio de 2020

Dr. Carlos Garcia, (Pollo para tus amigos)





Era Mayo del 2014 estaba corriendo para llegar a la capacitación, suelo llegar temprano a donde voy, pero el tráfico de esta ciudad es desesperante. Caminaba cuando escuché el teléfono.

-          ¿Alo? - contesté
-          ¿Chinito, hermano, te habla Carlos García Pacheco,  para ti el Pollo, qué estás haciendo?
-          Hola Pollo, después de tanto tiempo,  me voy a una capacitación para un trabajo
-     Vi tu mensaje en el messenger contando que te quedas en Lima  y buscas un trabajo ¿Y cuánto te pagarán allí, me puedes decir?

Se lo dije y se rió

-          Deja esa tontería, ven aquí te necesito conmigo. Toma un taxi y ven a mi oficina , te dicto la dirección
-          Oye Carlos ¿es en serio?
-          Ven huevón – agregó riéndose y colgó

Así fue como me reencontré 33 años después de haber  terminado el colegio con mi amigo “El Pollo” Carlos Domingo García Pacheco y demás salsas y ensaladas, como algunos le decíamos cuando estudiábamos juntos desde niños en el colegio Jorge Polar.

Carlos, solo fue para mí el compañero de colegio, cuando muchachos pocos fueron los momentos que compartimos juntos o conversamos. Yo paraba con los más altos  y los más avezados del aula. Carlos era del grupo de los tranquilos, de los estudiosos que no hacen  ninguna travesura, o si las hacían eran demasiado inocentes para nosotros los que nos creíamos los  listos, en realidad era considerado de la mancha de los  “monses” como les decíamos a ellos. Nunca fue llamado a la dirección, creo que jamás desaprobó, tampoco participó de alguna maldad estudiantil. Le recuerdo siempre pulcro, con su gran cabeza, peinado con raya al costado, su camisa con las marcas de la plancha y su pantalón gris al tubo y muy bien cuidado.

Muchas veces ensimismado en mis veleidades adolescentes le perdía de vista.

Éramos parte de una promoción escolar que terminó en 1981 y solo bastaba eso para estimarnos y cuidarnos todos, algunos nos perdimos el rastro, otros como yo seguí frecuentando a mi pequeño grupo de amigos y hoy nos llamamos hermanos y no solo amigos.

Así son mis recuerdos del buen amigo Pollo en el colegio, hasta que esa  mañana de Mayo de 2014 escuché su voz a través de una llamada al celular.

-         Desde hace tiempo leo lo que escribes, desde hace tiempo creo darme  cuenta que has domado al Iván peleón y arrogante que eras,  a través de todo lo que cuentas y créeme me divierto con tus historias, entiendo tus sentimientos y lo que vives. En lo que escribes se  percibe que has caminado mucho. Pero mantienes ese temperamento duro y guerrero, que necesito para este puesto. Cuídame las espaldas y has un buen trabajo, ¿te parece bien lo que te ofrezco?
-         Es tres veces más de lo que me ofrecían – dije
-      No me falles y sé cómo el Iván que recuerdo del colegio,  valiente  y decidido, honesto y siempre del lado del justo.

No salía de mi asombro, sentado en su oficina en una entidad del estado, Carlos García Pacheco, el Pollo me estaba dando trabajo. Y me conocía más que yo mismo, parecía que hablaba de otra persona y no de mí, confiaba más en mí, que los que siempre dijeron que confiaban en mí. Me estrechó en un largo abrazo y con alegría me dijo “bienvenido hermano”. Sentí  tanto afecto  y cariño de  su parte, que me sentí avergonzado de no haberle  prestado la atención que él (me daba cuenta) me había prestado a mí en el colegio.

-          Carlos gracias, (ya no era el Pollo) en serio, muchas gracias.
-        Chino, me dijo, en el colegio siempre te veia decidido, corajudo, insolente. Pero cuando he leído lo que escribes me he dado que eres muy sensible, además desde que vi que defendiste  al perro del abusivo de MV en el patio del recreo, siempre supe que si algo me pasaba tú me defenderías ¿sí o no?,
-          Si – dije lacónicamente
-          Entonces  no hay nada más que decir, eres mi amigo de la infancia, ya tienes trabajo.
-     ¿Me puedes decir que le pasó a tu pelo? - le pregunté irónico
-     La vida hermano - respondió riéndose y empujándome fuera de la oficina.

Trabajamos juntos y pude ver que Carlos se había convertido en una persona superlativa, que irradiaba confianza, que motivaba con los ejemplos, un hombre  tranquilo, sereno, sumamente  preocupado por su familia, un gerente administrativo de una entidad del estado, capaz de quitarse el saco y la corbata para empujar módulos, mientras otros gerentes hacían brindis y posaban para la foto ( si aquel día me decía vamos a la guerra, hubiera ido). Un hombre capaz de quedarse hasta tarde haciendo informes o firmando autorizaciones, para que sus subalternos puedan cobrar sus sueldos, un profesional que siempre tenía tiempo para escuchar al prójimo, capaz de cubrirte las espaldas mientras tus actos fueran honestos, un ser humano con corazón, sentimientos, culto y preparado, solidario y por sobre todo, amigo .

Los vientos cambiaron y el trabajo terminó, pero la amistad se fue profundizando.

Cuando podíamos almorzábamos juntos y nos poníamos al día de nuestras vidas. Él decía admirarme y yo le respondía “Doctor Pollo, soy yo quien debe admirarle”. Se declaró mi más asiduo lector y cuando dejaba de postear algo, llamaba para saber cómo estaba. "Eres mi amigo el escritor, el que persigue sueños. Me alegra ver las ganas que tienes de hacer lo que te gusta". Yo le escuchaba 

“Cuando lo termines tráeme tu libro y todos los que tengas que los compro”. Dijiste una mañana y me animaste a que hiciera mi poemario, me animaste a arriesgarme, me devolviste la confianza que había perdido en mi camino, me llamaste hermano y me tendiste la mano, consiguiéndome trabajo, porque apostabas tus manos al fuego por mí. Siempre viste el potencial en mí, que yo no veía  en mi vida y yo, te recordaba lo bueno que te rodeaba, pienso en esta tarde.

Nos hicimos más amigos en estos 6 años cuando estamos maduros, que cuando estábamos en el colegio. Cuando falleció mi hermana en Marzo último, Carlos  llamó y lloró a través del teléfono conmigo. “Siento tu dolor hermano, y te acompaño” dijo quebrándose su voz.  

Así de empático era mi amigo.

Digo era, porque Carlos Domingo García Pacheco ha muerto de una manera apacible, le han encontrado ayer sentado en un sillón de su casa, supongo que leyendo o preparando alguno de sus trabajos.

La muerte le sorprende  de una manera súbita y eso no lo comprendo una vez más.

Y no puedo acompañarle, es injusto. Grito al silencio.

Maldito Covi19,  por estas fechas personas que quiero se han marchado y yo, no he podido despedirlas, encerrado en esta habitación.

Empecé a escribir estas líneas en la madrugada que no conciliaba el sueño y las termino esta tarde con la impotencia de no poder estar contigo amigo. Con ese vacío, que deja tu ausencia.

Nuestro encuentro en el Queirolo ya no podrá ser, nuestro café se enfriará. Nuestras conversaciones de literatura, de las tristezas, de las alegrias, sobre el amor, tus hijos, mi hijo, nuestras disertaciones sobre los logros de la vida, el chifa que compartíamos, la risa y la burla cuando repasábamos los apodos de nuestros compañeros ya no podrán ser y quedará pendiente reírnos de la Rata Morante,  del Perro Bacigalupo, del Pajarraco Coll,del  Gato Elias, de la Oveja Dulanto,del Torito Cardenas, del Gusano Shutt, del caballo Barreda, de la china Montañez, de la Madre, del Chino, del Cholo, y toda la pléyade de compañeros que estoy seguro, te recordarán y extrañarán.

Hablo con su hija y me dice "mi papá siempre hablaba de usted, le quería mucho y le admiraba"  y las lágrimas asoman. "Yo tambien, hija" contesto.

Doctor Pollo, nos veremos más adelante.

Voy a extrañar ese saludo nuestro,

       - Habla Chinito
       - Doctor Pollo, que gusto.

Descansa en paz



martes, 26 de mayo de 2020

Inútiles



Y de qué sirve la testaruda idea
de que la verdad eres tu
sí en la noche
conversas con el silencio
y te da razón

De qué sirve saber  la palabra
cuando los besos  traen  respuestas
de preguntas no hechas
cuando los motivos se ahogan
en libros colgantes
en obras que son solo adornos
que si leíste
nunca comprendiste

De qué sirve, digo yo
tanta arrogancia
tanto el saber
tanto creer en un dios lejano
tanto andar un camino pedregoso
tanto el esfuerzo tonto
tanto amor civilizado
tanto el linaje rancio
y tanto de tanto
que es nada

Sí frente a la inmensa
certeza  del final
solo estás tú
la sabana blanca
tu orgullo
y nadie  más
que el silencio 

Que siempre te da la razón