sábado, 24 de octubre de 2015

Persiguiendo sueños....



Sentado en la plazuela del puerto de Eten, él contemplaba el crepúsculo que caía, aquel hermoso  atardecer hacía que su melancolía se acentuara cada vez más. No sabía qué hacer con su vida, su mujer lo había echado de casa. No regresaba más por temor a sus cinco violentos hermanos, que por coraje y cariño a sus niños y aunque él comprendía y sabia las razones que ella tenía, no dejaba de dolerle por los hijos que tenía con ella, los quería con toda el alma, pero no sabía cómo ser su padre, él tenía sus sueños y estar allí, le hacía pensar que quizás nunca podría realizarlos y eso le asfixiaba, hasta ese día trabajaba en algo que no le gustaba, vivía una vida jamás soñada, vivía para otros, no para él.. Ya tenía 25 años y no tenía profesión alguna, solo sabía tocar la guitarra como nadie más, no era un gran cantante, pero sabía tararear bien las letras, su magnetismo y encanto hacían el resto. Pero quien le daría trabajo solo por ello, se  preguntaba, como se ganaría la vida con ese simple talento. No sabía qué hacer, el miedo y el temor al futuro le embargaban.

Desempleado ahora y sin lugar donde vivir, a donde iría, que haría, pensó. Buscó en sus bolsillos y solo encontró unas monedas, que le alcanzaron para comprar una coca cola y unos cigarros. Mirando el sol que caía cada vez más rápido hacia el mar, recordaba su vida. Había dejado la universidad y se casó,  se vino al norte, a este sitio olvidado de Dios a trabajar en el negocio de la familia de ella. Lejos de todos, de su familia, de sus amigos de la taberna, se había preguntado más de una vez, si ese era el final de su vida, si eso haría todo el resto de su vacía vida.  Ahora mirando sus bártulos, se daba cuenta que hasta ese momento, no tenía nada de lo que pudiera sentirse orgulloso; hasta su guitarra la había dejado en Lima, solo había engendrado hijos de los que no sabía cómo hacerse responsable…. No es que no los quisiera, los amaba, solo que no sabía cómo era ser padre. Si no era feliz, como hacía feliz a estos niños. Su vida estaba en esas dos maletas viejas y su mochila, todo lo que poseía estaba allí y ciertamente no había mucho, se sentía un don nadie.

Ya la noche le rodeaba y el seguía en el mismo lugar, desde donde estaba podía ver los buses interprovinciales que salían uno tras otro para la capital. Pero como irse sin dinero, regresar derrotado, sin nada, que diría, se dijo para sí. Y una lágrima rodó por su mejilla y luego otra y escondió su rostro entre las piernas sollozando.

Cuando se calmó secando sus lágrimas se prometió hacer algo, no sabía qué, pero algo haría, miró las maletas, las abrió, cogió su mochila y en ella metió lo que creyó era más importante. Y allí dejó las maletas, a la espera de que alguien las encuentre. Puso la mochila  en su hombro y cruzando la plazuela  tenuemente iluminada por los faroles  se dirigió hacia donde el bus esperaba a sus pasajeros.

-          Que tal – contestó el hombre con desconfianza mientras le observaba de pies a cabeza.
-          Mire usted, quería pedirle un favor – dijo haciendo una pausa, mientras intentaba ver la reacción del hombre – Soy de Lima, no tengo dinero, me acaban de echar de mi casa, mi mujer y sus cinco hermanos… - agregó intentando conmover al hombre.
-          Y que hay con eso – dijo este secamente.
-          No tengo donde ir….podría llevarme a Lima, hago lo que sea, limpio el bus, lo lavo si es necesario, haré lo que me pida,  pero por favor ayúdeme a llegar a Lima…. -  dijo con ansiedad.
-          Ya no hay sitio, amigo. – dijo más suave  el hombre y subió al bus, dejándole parado en la penumbra.

Pero, él ya había tomado una decisión, irse a Lima.

Esperó pendiente de cuanto pasaba alrededor del bus, los pasajeros siguieron llegando, siendo recibidos por el chófer y su ayudante, quien parecía más joven y alegre. En un momento en que ambos revisaban las ruedas traseras el joven abordó el bus dirigiéndose rápidamente hacia el final del mismo, sentándose en un asiento vacío, cubriéndose el rostro con una frazada que encontró allí, y fingiéndose dormido espero que el bus partiera.
Cuando el bus empezó a moverse, él supo que lo había logrado. Estaba camino a Lima.

Por la mañana, se despertó por la voz de una muchacha con acento argentino quien cantaba una samba de Mercedes Sosa.  El sol ya estaba casi en su zenit, había dormido por horas, cubierto con la frazada. Fredy, notó que las notas de la guitarra que acompañaba a la rubia cantante, no era de las mejores. Las notas básicas y simples hacían que la melodiosa voz de la chica se perdiera y no fuera apreciada.  Fredy los observaba, mientras no dejaba de pensar en lo que haría si tuviera la guitarra en sus manos. Cuando terminaron la canción algunos aplaudieron con desgano. Y la chica sonrió tímidamente.

-          Amigo -  dijo Fredy con timidez -  podrías prestarme tu guitarra.
-          Che,  porque no – contestó quien había estado tocando, también de acento argentino y con una sonrisa, agregó – ¿sabés tocar? Yo no lo hago muy bien.
-          Algo sé, amigo – contestó Fredy, mientras afinaba la guitarra y la estudiaba.
-          ¿Te sabes Solo le pido a Dios de la Negra Sosa? – preguntó a la chica de ojos azules.
-          Che, como no saber esa canción – dijo mientras miraba extasiada los dedos de Fredy que rasgaba las cuerdas al empezar con los acordes de la canción.

Ella comenzó a cantar, y Fredy le acompañaba con la segunda voz, mientras suavemente sus dedos acariciaban las cuerdas de la guitarra, parecía que esta hablaba, uniéndose con armonía a las voces. Aquella canción fue cantada con emoción por la chica y acompañada por las palmas de los pasajeros, quienes agradablemente sorprendidos, poco a poco se fueron uniendo en ello. Cuando terminaron, muchos aplaudieron y alguno que otro pidió una repetición. Fredy, con timidez intento devolver la guitarra a su dueño, quien la rechazo….

-          Sos un maestro, seguí tocando… -dijo el joven  con una gran sonrisa.

Y Fredy siguió tocando canciones argentinas, chilenas y como no, peruanas…y también se animó a cantar algunos valses y marineras en solitario. Para ese entonces el bus ya era una fiesta en la que todos participaban y pedían canciones; algún espontaneo pedía una canción y Fredy le acompañaba.

Todos se sorprendían de la facilidad para tocar y la buena memoria que tenía, se sabía muchas canciones y melodías. El ayudante del chófer ya le había reconocido de la noche anterior, pero poco importaba, a él le gustaba cantar y Fredy le acompañó en dos canciones. La fiesta estaba generalizada, unos niños hicieron un coro con las indicaciones de Fredy, hasta el chófer también pidió su canción y desde el volante se animó a cantar.
 A esas alturas ya no importaba que Fredy fuera un polizonte que viajaba sin pagar pasaje.  El chófer y su ayudante no recordaban  tanta diversión en alguno de sus viajes.



Llegaron a Chimbote, en donde pararon para almorzar, todos los pasajeros bajaron con prisa, pero  Fredy no lo hizo, no tenía dinero. Pensaba además que si bajaba ya no le dejarían subir y no quería arriesgarse. Estaba con sus pensamientos cuando golpearon la ventana.

-          Trovador ¿Qué haces allí? – preguntó el chófer con ademanes - ¿No bajas a almorzar?...
-          No tengo dinero, maestro – contestó avergonzado Fredy.
-          No te preocupes por eso, nos alegras el viaje… ¿y no te lo vamos a agradecer? Vamos baja ahora…
-          Gracias maestro… - dijo Fredy son una sonrisa, incorporándose del asiento.

Luego del almuerzo, reanudaron el viaje, el ambiente era de cordial camaradería, parecía que todos eran parte de un viaje de excursión. Al cabo de un rato, un joven con acento español le preguntó si conocía una canción…

-           Concierto de Aranjuez, chaval -  dijo mientras  sacaba una flauta traversa.
-          Claro, me gusta mucho…¿Le damos? - contestó Fredy  con sonrisa casi de niño.

Ambos tocaron aquella pieza musical en medio del silencio de todos, con tanta maestría y destreza  que cuando concluyeron los gritos y los aplausos de  conocedores y  neófitos musicales fueron tan atronadores que el chófer detuvo el bus para unirse al reconocimiento.

Y luego la fiesta continuó….

Al llegar a Lima, Fredy ya sabía lo que haría, había decidido que se dedicaría a seguir su sueño,  ser músico, y ese don que poseía le haría vivir para quienes él quería con todo el alma. Comprendía que si no era feliz haciendo lo que él deseaba, no podría hacer feliz a nadie. Dejaría todo lo que le impedía realizar su sueño, se dedicaría a ello. Sin olvidarse de sus niños a quien había dejado en el norte.

-          Cada vez que quieras viajar trovador a cualquier parte del Perú, búscame yo te llevo – le dijo el chófer, quien le dio un fuerte abrazo.

Y Fredy cogiendo su mochila se encaminó a la puerta de la estación. Salía ya cuando escuchó una voz que le llamaba…

-          ¡Chaval…! ¿Cómo te llamas?... ¿Te gustaría conocer España? – le preguntó el joven de la flauta traversa…
-          Soy Fredy M. y lo de España…bueno creo que si me gustaría conocer España… – dijo humildemente….

Y sonriendo cogieron la calle, conversando de la música que les permitió conocerse…

Lo demás, de lo que conoció y vivió luego… es una larga historia que algún día me la contará….Solo me adelantó que tuvo muchas experiencias y que todas ellas , buenas o malas siempre le dejaron algo, me prometió contarme la historia de sus viajes y de quienes conoció, sin embargo me dejó algunas fotos como muestra de aquel largo periplo que es su vida, no sin antes decirme “amigo, haz lo que te gusta, lo que amas, lo que te apasiona….si eso haces.... estas condenado a tener éxito…”…y yo aún sigo pensándomelo…me dedico solo a escribir...

Tengo que vivir de algo, me digo (cuando camino buscando clientes) como muchos que intentan en la vida hacer algo con la suya, pero en esas largas caminatas, voy aprendiendo, escuchando, observando, guardando historias, acuñando frases para algunos versos y me acuerdo de Fredy. Para él no fue fácil, para nadie es fácil, somos lo que pensamos, somos lo que atraemos, somos lo que sembramos y luego cosechamos….somos lo que estamos dispuestos a sacrificar y a entregar…

Fredy es un ejemplo…persiguió su sueño y lo llevó lejos. 

¿Tú que crees?....

Con Tania Libertad


Con Joaquin Sabina



Cuando le conocí...

jueves, 22 de octubre de 2015

Desde mi ventana....


Me acechan ideas que escapan luego avergonzadas
y voy abrazado de inquietudes no muy sanas
desde una habitación vacía…. y lejana
Me encuentro rodeado de ladrillos…y horizontes…
contemplando la isla distante…
Busco argumentos nuevos
Excusas injustas…razones obvias…muy mías…

Después de tanto tiempo perdido…
Después de tanto abandono y olvido…
Después de tanto salir huyendo…
Después de tantos kilómetros de ida y vuelta
Después de tantas promesas olvidadas
Vuelvo a quedarme…solo

Estoy solo…y estoy conmigo
E irónicamente no estoy solo…
Otra vez me acompaño…
Y la soledad no es soledad…es compañía digo
Mi soledad es alimento para mi espíritu
Esta soledad es propicia…
Es momento de expresar lo que tengo…
De convertir en versos mis emociones…
De mutar palabras…en historias...
De viajar en el tiempo…de retornar de un viaje
De perderme en el futuro…


Es mi soledad…mi extraño reino 
De eternidad, de instante etéreo…íntimo…
Solo mío…y en esta soledad me veo por fin
Y la vida toma otro color….
Y dejo ir a quien quiere partir…
Y abrazo al que desea venir
Y comienzo…a perdonar…lo hecho
E inicio intentos nuevos…
Y dibujo una sonrisa…
Y ensayo unas palabras…y canto por fin
Y escribo unas líneas…y mis lágrimas ruedan…
Y comprendo…en esta soledad…en este silencio

He vuelto…

Y ya estoy aquí…otra vez…
Y el muro de ladrillos…se torna en castillo
Y el atardecer nublado…se hace crepúsculo intenso…
Y mis sueños nacen…y me lleno de ímpetu nuevo
Y en la penumbra encuentro que el amor llama
Y entiendo…mi corazón por fin ha hablado…


martes, 13 de octubre de 2015

Un día cualquiera....

Salí  ese día presuroso al trabajo, eso de trabajar por un sueldo mínimo como que ya no va con mi ánimo, solo es por la necesidad y eso lo saben quiénes me emplean y quizás  por eso se aprovechan, creo, y es por eso que mi ánimo no es el mismo que mantenía hace algunos años, me cuesta cada día inventarme una actitud nueva, me pesa encontrar ánimos y motivos. Salí, decía, presuroso con la angustia de no llegar tarde, pensando y concentrado en mi agenda mental, esa que llevas en orden y la que no te falla. Tenia en agenda una reunión y diversas visitas, pero preferí caminar esta vez. Tengo por costumbre, buena o mala, caminar mirando siempre hacia adelante, tratando de tener una visión panorámica de lo que sucede a mi alrededor, desde que escuche a los dieciséis años  “Fabula de los tres hermanos” de Silvio Rodríguez, elegí caminar mirando hacia lo que viene, nunca hacia abajo enterrado o nervioso hacia lo que puede pasar. Quizás por eso siempre  veo y me encuentro con situaciones que ha otros se les escapa, guardando así ideas para mis historias. Por ello muy pocas veces miro hacia abajo o camino con la precaución de encontrar obstáculos, confío en mis reacciones y asumo que las veredas son planas o se encuentran en buen estado. No me gusta llevar prisas, no camino apresurado, angustiado. Me gusta salir siempre con tiempo de sobra y procuro así disfrutar de mí caminar por estas calles limeñas.

Pero esta mañana no fue así, me demoré mucho intentando encontrar motivaciones  para decidirme a buscar el día y ahora estaba apurado. Cavilaba sobre mi presencia en esta ciudad y el futuro que intento…pensaba en mis planes futuros, cuando de pronto sentí que  mi pie izquierdo pisa en falso doblándose de lado, hacia la izquierda, empujando y soportando todo mi cuerpo sobre mi pie doblado bajo mi peso (que no es poco) perdiendo el equilibrio y siendo cual látigo súbitamente jalado hacia abajo, y así caigo estrepitosamente buscando donde apoyarme. Es en  esa fracción de segundos que mis manos buscan en el vacío y son las primeras en tocar el asfalto, sintiendo mucho dolor en ellas, mi tobillo percibe entonces un dolor intenso, como si un cuchillo cortara mis carnes y alguien aplicara un leño encendido sobre ellas. Me doblo de dolor, grito, creo, mis papeles quedan esparcidos por el suelo y yo, literalmente desparramado en medio  del estacionamiento de un centro comercial con los ojos cerrados, escucho las risas de algunos jóvenes que me observan, supongo desde lejos. Aquel dolor intenso llena de lágrimas mis ojos. Alguien, no sé quién me ayuda a incorporarme, le agradezco el gesto y rengueando me siento al borde de una vereda por no sé cuánto tiempo, frotando mi tobillo magullado

Transcurridos lo que supongo fueron un par de horas y ya con algunas monedas sobre mis papeles, que algunas personas caritativas al verme doblado de dolor dejaron a mi lado,  creo que  conmovidos por mis aullidos de dolor y mis profusas lágrimas de pena. Estando sentado allí... suena mi celular, contesto intrigado, es mi esposa ....” Cariño, me muero, tengo un dolor intenso en los riñones, no puedo pasar nada de saliva…y tengo fiebre…” Me incorporo de un salto ignorando el dolor que siento en mi pie izquierdo y arrastrando mi tobillo hinchado como pelota de béisbol subo a un bus.  Al cabo de dos horas llego a Surquillo en donde ella trabaja. Solicito verla y me permiten la entrada hasta la cafetería en donde trabaja de cajera.

-       ¿Qué tienes?... – pregunto cuando la veo..
-       Estoy mal, pero no puedo salir del trabajo…no hay quien me reemplace – y yo hago una mueca de dolor por mi tobillo, que ella mal interpreta.
-       No te molestes…- intenta decir otra cosa, pero entre lágrimas me dice de pronto sudorosa por la fiebre,  casi desfalleciendo -  me muero cariño.

Y cojo a mi mujer de la mano y la saco casi a rastras, ante la sorpresa de
Fabiola, la administradora, a quien solo le digo antes de salir:

-       ¿Así son ustedes con el personal?....

Ya en el taxi, ella se retuerce de dolor, mientras el taxista enfila por la vía expresa de Lima encontrándose  con un tráfico infernal, pienso de pronto, que solo tengo unas monedas en el bolsillo, las que me dejaron los transeúntes y le pregunto a mi esposa.

-       ¿Tienes para el taxi? – esforzándome en parecer natural…y ocultando mi temor a su reacción.
-       Vienes a recogerme de urgencia y sin nada…humm malo – dice regañándome y empujándome con su pie, golpea mi tobillo y me escuece hasta el alma. Guardo silencio, sudando copiosamente, mientras en la ciudad cae una persistente llovizna.


Estamos detenidos ya veinticinco minutos y ningún auto avanza...Y allí estoy yo, contemplando a mi esposa con su dolor en el taxi, que tiene una luna rota, por donde entra el viento frío,  con un  taxista que come una mandarina con una mano y que con la otra toma el volante en medio del atasco descomunal de la vía expresa, avanzando y deteniéndose según sea el caso, embistiendo y ganando el espacio en medio de aquel tráfico… en la radio suena una cumbia que alborota mis sentidos y hace que parezca que mi cabeza estallará. Veo con sorpresa entonces que el hombre ahora escupe por la ventana lo que supongo son unas pepas…de lo que ahora come... una sandía.

-       ¿Apéndice, no jefe…? Esa cara de dolor y esos quejidos deben ser por eso…a mi me pasó igual -  pregunta mirando por el retrovisor,  al momento que eructa y  frena de golpe evitando una colisión.
-       No, parece una infección a las amígdalas…- contesto sin mirar.
-       Pero como se queja.... y le pateo ¿verdad? Debe de quererla mucho para aguantar eso. Porque yo la dejaba sola – dice inoportuno el hombre.
-       Así es la morena…- sonrío en un intento de disimular mi bochorno y el dolor de mi tobillo hinchado.
-       ¿Puede parar en un cajero por favor? – pregunto.
-       Claro maestro, pero le costará más… - contesta mientras muerde esta vez una naranja.



Y asiento con la cabeza sin decir nada más…preocupado por mi mujer,  angustiado por el tráfico que no avanza, observo que el taxista  ahora se  depila la barbilla con una pinza oxidada mientras espera que los autos avancen, en ese momento en la radio un niño de once años diserta sobre almas y apariciones…¿donde estoy? me digo cuando cruzamos la Victoria en hora punta, con el temor de ser asaltados por unos "bujieros" en el cruce de Isabel la Católica e Iquitos. Contemplando la  surrealista escena…me repito varias veces  ”este es un buen día....aún no termina… “..Al rato llegamos a emergencia del seguro social, bajamos, entro con mi mujer, me acerco a ventanilla y me responden que mi mujer no tiene cobertura médica …y ella  que llora de dolor y que casi se me desmaya sobre un asiento de espera, y yo salgo a la calle en medio de la llovizna sin saber qué hacer,  el dolor de  mi tobillo se hace tan intenso que ya no lo soporto….decido marcharme y detengo otro taxi.

Luego de dejar a mi esposa en casa, ya más calmada y medicada gracias una farmacéutica, que aunque tiene imagen de zancudo desaliñado, acertó en lo que nos recetó. Salgo a visitar a uno de mis clientes, la cita ya estaba pactada y por suerte  para mí aún estaba en hora. No había almorzado bien, tomé un sanguche de chicharrón que debía de ser de hace dos días y que nadie en casa quiso por  eso de que están a dieta, lo puse al microondas y mordiéndolo salí en dirección a mi reunión.

Llegué y el conserje me recibió muy amable, me pidió que esperara, que la persona con quien me reuniría había tenido un retraso y había indicado que le espere. Confiado fui a sentarme arrastrando mi tobillo aún hinchado, aunque ya casi sin dolor por los analgésicos que había tomado. Saqué el celular, encendí mis datos…y mi estómago que hace un ruido extraño tan fuerte que el conserje me miró sorprendido. Sonreí nervioso y avergonzado, sin decir nada, mire hacia otro lado. Y el estómago que vuelve a sonar, esta vez más fuerte. Y yo que me paro e intento dirigirme a la puerta, retirándome a casa. Y entonces suena esta vez un eructo equivocado de camino. Y ese fuerte ruido viene con un anuncio líquido que percibo incómodo haciendo que el terror se apodere de mí. Decido irme a casa con urgencia y comunico aquello al conserje, pero ni bien llego a la puerta otro gas incómodo, se escapa. Esta vez el anuncio es peor.

-       Amigo présteme su baño –digo tratando de disimular el pánico del que soy preso.
-       Si señor pase está aquí a la vuelta, en el pasadizo. ¿se siente mal? – dice mientras me mira el rostro sudoroso.
-       No, para nada – contesto mientras apuro el paso, ajustando el trasero, evitando así las contracciones que ahora son allí donde la espalda cambia de nombre…

Entro a los servicios casi corriendo, exigiendo a mi tobillo, que comienza otra vez a doler, entro y veo aterrorizado….no hay papel higiénico.

Corro a recepción, olvidando mi tobillo.

-       Amigo  - digo – no hay papel
-       No señor, no lo hay - contesta el conserje, entre serio y divertido.
-       Perdone amigo, pero me cago – digo abandonando toda compostura, toda educación y mis buenos modales – por favor dame uno – suplico, sudando copiosamente.
-       Señor no tengo – dice señalando su armario.
-       Cómprame uno – digo mientras le doy unas monedas.
-       Señor no puedo dejar la recepción  - dice controlando a duras penas una risa.
-       Me cago, me cago, me cago – grito desesperado y corro al baño.

Llego al sanitario, entro con las justas…y sin papel…



Ya más aliviado pienso luego en cómo solucionar mi problema…y mi mirada baja hacia mis calcetines azules, los que mi esposa me regalo para mi cumpleaños…”…Lo siento cariño, tu comprenderás…” pienso para mí y actúo.

Cuando salgo sin calcetines me dirijo a la recepción, el conserje me mira sorprendido.

-       No preguntes por favor – digo ya en control de mis emociones y del dolor de mi tobillo.
-       Ok señor, ¿debo limpiar algo? – pregunta fingiendo seriedad. – aquí están sus monedas señor.
-       No, no debes limpiar nada, amigo todo está como lo encontré, muchas gracias por su ayuda caballero – agradezco y le extiendo mi mano, la cual él rechaza cortésmente excusándose.

Llegó mi cliente y sostuvimos una buena reunión.

Camino a casa, ya casi sin dolor en el tobillo, camino como siempre mirando lo que sucede a mi alrededor, confiado de que el día a traído de todo.
Experiencias que se sumaran a mis historias, conclusiones que me harán reflexionar mejor con los días, pensamientos que serán asimilados como premisas por mi intelecto....camino animado de que el día no me ganó, que impuse mi actitud y buen espíritu , de que aquello de la mala suerte no es conmigo.

-       Ciertamente, como siempre digo todo es actitud…. - digo en voz alta...

Y de pronto, mi pie derecho encuentra otro hueco en la vereda de una calle de San Miguel, y mi pie que se dobla otra vez hacia el lado derecho soportando otra vez mi peso. Y esta vez que pierdo la conciencia por el dolor que siento y la vista que se nubla y no recuerdo más. Acabando así mi día especial.

Ahora sentado con el pie vendado, mientras escribo estas líneas, leo algunos versos y encuentro algunos de quien influencia  los míos, pienso entonces que nunca es tan cierto en mi vida aquello que el maestro escribió “..hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé…"  y sonrío recodando a Vallejo...solo sonrío...







domingo, 11 de octubre de 2015

Dicen ellos....


Dicen ellos…que la vida es así
dicen ellos que el destino nos alcanza
dicen otros que no pueden
dicen otros…que no quieren
y yo que  anhelo…no puedo

Dicen y dicen tantas cosas
y pienso tantas otras….en mi soledad
en la paz que en el silencio encuentro…
que ya no sé qué decir…
no acepto lo que dicen
no entiendo lo que dicen
escucho lo que digo…
y  concluyo…
no te entiendo…no me entiendes
no les entiendo…
soy diferente o ellos son los anormales

Dicen ellos…todo está mal
dicen ellos nada cambiará…
dicen otros...porque te afectas si nada te importa
y digo yo…¿no es egoísmo ser indiferente?



Dicen ellos…quién te crees…más que otros
dicen ellos…si eres como nosotros
y digo…soy el mismo…
con un poco de voluntad
y dicen ellos…tienes un pasado…no  lo olvides
y concluyo…
es una pena que vivas de recuerdos
que arrastres pasados..
y tus pasos sean rengos

Dicen ellos…no debes cambiar…
debes seguir igual que nosotros…
no eres mejor que nadie…
y digo yo…
mejora quien desea…
cambia quien aspira…
quien se hace último…
quien perdona…
quien  mira hacia adelante…

Dicen ellos…la vida es así…dura

Y yo….no les escucho…
les dejo atrás.