domingo, 10 de marzo de 2013

La agonía...




Desde donde se encontraba podía ver el reflejo de las llamas en lo que quedaba de los árboles de la plaza, la luminosidad alumbraba la noche con intermitencias, el olor a chamuscado, a sangre,  a carne quemada era muy fuerte, tanto que le provocó nauseas. Intento moverse y no lo consiguió, un fuerte dolor en la espalda se lo impidió, recorrió la mirada hacia sus extremidades, le faltaba el brazo derecho, aterrado vio solo un muñón que manaba sangre, sentía un dolor penetrante en todo el cuerpo que embotaba sus sentidos y que a la vez le hizo despertar.

Trató de recordar. Salía del café camino a casa cuando comenzaron las explosiones, no pudo correr mucho, solo se sintió elevado por los aires antes de perder el sentido, también recordó que el sonido y el estruendo era ensordecedor, como si la tierra se abriera, tragándose el pueblo entero, como si el infierno de pronto hubiera decidido conquistar la vida y destruir a todos. Se preguntaba donde estaría María y el pequeño Felipe, su hijo. 

Ahora tirado como un despojo sobre la tierra ensangrentada solo miraba aterrado y sentía que su vida se iba escapando agónicamente, abandonándole de a pocos, frente a él reconocía los restos del caballo de su amigo Luis,  abierto de lado a lado, con las tripas  regadas en la calle, la cabeza de un toro de mirada desafiante más allá, los restos de unas piernas con los zapatos puestos. ¿No eran esos los zapatos que María le había regalado por su cumpleaños? Pensó. Inmediatamente con la mano que aún  le quedaba intento tocar sus piernas. Soportando el dolor intenso, intento mirar. Pero no logró mover el cuello, no sentía nada. Quiso pararse y correr a casa, pero no pudo, las fuerzas le abandonaban.

Y pensó en todo lo que aún hubiese querido hacer, darle un beso a Felipe antes de dormir, decirle a su esposa María, lo mucho que la quería, abrazar a sus padres y correr por los verde campos con la pequeña bebé que su mujer esperaba, ella le había dicho que esta vez seria niña y que con la primavera llegaría trayendo alegría a sus vidas. Tenía sueño y cansancio, no sentía las fuerzas y no sentía las piernas.

Y pensó entonces, “Dios ¿acaso te haz olvidado de nosotros? ¿Solo por pedir pan con libertad?, y también pensó ¿Es cierto que la república es el gran Satán, como dijo el cura Julián?, ¿seriamos condenados como aseguró? ¿Dios, es este tu castigo?




Una llamarada le permitió ver mejor, reconoció al pequeño Teobaldo debajo de una viga que aún ardía, también alcanzó a ver el vestido de flores rojas de la abuela Juanita entre los escombros de la iglesia; que ironía, allí estaba la sotana del cura también  y sintió pena por todos, también por él.

Y Pedro también pensó, reconociendo que eran sus piernas las que miraba, “Dios, creó que no existes…Te lo preguntaré cuando te vea."

Y dejando caer una lágrima, por la niña que no conocería, expiró.






miércoles, 6 de marzo de 2013

Aquí estamos...




                                                                     ¡Es cierto!!!

Aquí estamos…

Aún esperando por el sol, cuando amanece
Aún esperando por la melodía del viento
Esperando el atardecer, a la orilla de la mar
Caminando las dehesas, los verdes campos
Esperando nuestro momento que ha de llegar
Aquí estamos, los que vibramos con el amor
Cualquiera sea su condición,

Aquí estamos, los que perseguimos un sueño
Los que luchamos por un ideal mayor,
Los que creemos  en un Dios de libertad…
Los idealistas, del buen amar
Los guerreros de la luz, los hijos del  sol
Es cierto…quizás golpeados, algo estrujados
Un poco arrugados y maltrechos
Casi siempre olvidados e ignorados
A veces tristes…pero no rendidos
Pero ahora  más que nunca...

Aquí estamos…

Caminado por los que han dejado de hacerlo
Cantando por los que no tienen paz
Alzando la voz por aquellos que guardan silencio
Apostando el pecho por la verdad
Intentando reclamar ante lo injusto
Contando la verdad que es escondida
Buscando silenciar las armas, desterrando los odios
Acercándonos al diferente, acogiendo al hermano
Mimetizándose con el mundo que todavía quiere ser feliz…





Aquí estamos, los que aún quedamos...


Marchando a la vera del camino… con nuestra única verdad
Renovados en el espíritu…que jamás morirá
Sintiendo como los niños, viviendo como adultos
Creyendo en los arco iris…creyendo en una palabra
Buscando ser grandes, queriendo ser leales
Buscando a nuestros amigos más queridos

Aquí estamos…los que estamos

Plenos de experiencia, henchidos de alegría
Llenos de nuevos de bríos e ilusionados
Dejando atrás aquello que se debe olvidar
Sin juzgar, sin separar…solo acogiendo
Tan solo amando…tan solo queriendo…
Aquí estamos… los mismos rebeldes
Con el mismo corazón, aún latiendo
Rompiendo cadenas, buscando la cima

Aquí estamos, aún no nos marchamos
Ni estamos derrotados

Aquí estamos…te ofrezco mi mano….

¡Tómala….!!!Camina conmigo…Anda ya…..













lunes, 18 de febrero de 2013

Mi amiga Liliana: La historia de Osores



Era el otoño del año noventa, que en Lima se traduce en sol de día y frío húmedo por las noches. Por ese entonces Liliana trabajaba de auxiliar de educación en el Liceo Naval de San Borja. En realidad esa era la forma bonita de denominar  al auxiliar de conducta en un colegio. Liliana tenía a su cargo las cinco secciones del quinto de secundaria, además de realizar esa labor, ella se daba maña para ayudar, sin que nadie se lo pidiera, a la dirección general del colegio, pues era muy amiga del director.

Fue esa cercanía y amistad la que permitió que Liliana hiciera que yo entrara a trabajar en el  liceo, también como auxiliar de educación.

-          Oiga usted – me dijo el jefe de recursos humanos - ¿Quién lo presenta? – estudiándome de pies a cabeza.
-          Bueno vera….- comencé a decir – Me llamaron por teléfono y…
-          ¡¡ Yo!!… - se escucho fuerte y muy claro desde la puerta.
-          Señorita Agüero, disculpe – dijo nervioso el encorbatado señor – es que no sabía…
-          Para eso venia, aquí tiene el curriculum del joven y una nota del director – dijo entregándole los papeles, sonriendo para mí y guiñándome un ojo con picardía.
-          No se diga más, procedo entonces. – y agregó mirándome – el señor comienza el lunes ¿no?....
-          Si señor Rosales – dijo Liliana cortando la frase, casi fastidiada de la actitud sumisa del individuo – El lunes que inician las clases, será para las secciones de segundo de secundaria. Ven vamos… - agregó resuelta saliendo de la oficina y siguiéndola yo

Y así encontré trabajo aquel año noventa, gracias a Liliana y su temperamento avasallador y oportuno. Había bastado un solo comentario que le hice a ella hacia semanas en una reunión de la parroquia a la que asistíamos. Yo había olvidado la petición pero estaba claro que ella no.

En ese momento me deshacía en agradecimientos, pero ella cortó mis palabras diciéndome con su gran vozarrón…

-          ¡¡ Mira hijito, haz las cosas bien y no me dejes mal!! esto lo hago por mi amiga Jeannette y porque me das pena… - y su rostro dibujaba una gran sonrisa.
-          Ya después me invitaras una cerveza, ahora veamos tu uniforme y la movilidad que te corresponde.

Así era Liliana Agüero Lara, como yo la recuerdo ahora en la distancia. Se disfrazaba de mujer dura, de tosquedad, de palabras fuertes y frases directas. Para ella no había medias historias,  se hacía o no se hacía. La primera en llegar a una reunión parroquial y la última en irse…causante de que muchos corazones se abrieran a Dios y que muchos otros perseveráramos. A veces solía decirle, que ella era un gran corazón con patas y un sentimiento único por complacer al prójimo. Sufría de repentinos arranques de bondad, hasta el punto de compartir lo que no tenía y de realizar increíbles proezas en nombre de la amistad. Incomprendida e injustamente señalada por algunos, pero siempre solicitada por su empuje, por su valentía, por su coraje, por sus dones innatos que ella sabía contagiar en medio de fuertes gritos y una humildad ejemplar. Nunca pedía algo que ella no fuera capaz de hacer. Sincera y veraz hasta el punto de ser brusca; pero muy sagaz, ingeniosa e hilarante cuando la situación lo requería… 

Una mañana de Julio en el liceo se nos indicó que todas las secciones formarían en el patio principal para la actuación por el día del maestro. Y a la hora requerida sonó el timbre anunciado la actuación. Rápidamente todos los alumnos salieron de las aulas vigilados por sus auxiliares y se dirigieron al patio a formar  para la ceremonia que se llevaría a cabo a continuación.  Allí estaban el director general, el director administrativo  y toda la plana docente, los miembros de la asociación de padres, los representantes de la marina de guerra, a la que pertenecía el liceo,  autoridades invitadas del ministerio de educación y un escritor del cual no recuerdo el nombre.  Desde mi ubicación podía observar claramente el estrado colocado en el centro del patio y la perfecta formación de todo el alumnado del liceo, quienes en estricto orden  y atento silencio esperaban el inicio de la ceremonia.  Se procedió a entonar el himno nacional y posteriormente el director general se puso de pie, camino garboso hacia el micrófono y tomo la palabra…

-          Estimados profesores y colegas, padres de familia, representantes de la marina de guerra, autoridades del ministerio de…. – saludaba intentando no omitir a nadie.

Desde donde me encontraba observé que en las aulas de la segunda planta,  detrás de la ubicación del estrado, un alumno de quinto de secundaria,  de las secciones de Liliana,  se escondía en un aula. La busqué con la mirada y la distinguí presta en dirección  a las escaleras

-          …Alumnos todos… – continuaba el director con su alocución …
-          ¡¡¡OSOREZ!!! - Se escuchó de pronto la voz de Liliana –  ¡¡¡ OSOREZ!!! – esta vez por encima de las palabras del director, quien sorprendido intentó continuar…
-          Hoy celebramos el día del maestro…- alcanzó a decir…
-          ¡¡¡OSOREZ!!!...SAL INMEDIATAMENTE Y BAJA A LA FORMACION – se escuchó aún más fuerte, era la voz de Liliana desde las escaleras.
-          Hoy que celebramos el día del maestro… - volvió a comenzar el director
-          ¡¡¡OSOREZ TE HE VISTO, BAJA YA…O TENGO QUE IR A SACARTE!!!  – se escuchó la voz de Liliana, esta vez camino del aula donde se escondía el alumno quien asustado bajaba por la otra escalera

Luego de un prolongado silencio

-          Osorez por favor puedes bajar a la formación – imploró el director, ante la sorpresa general y la incredulidad de los invitados a la ceremonia.

Y pasados unos largos segundos, en los que el silencio expectante era rey y solo se oyeron los pasos veloces del alumno y la respiración fogosa de Liliana que le perseguía. El director se animó a preguntar con voz nerviosa…

-          Señorita Liliana Agüero ¿ya puedo continuar?
-          ¡¡¡ SIIII…SEÑOR DIRECTOR!!! – contestó Liliana acallando la voz del director en el micrófono.

Desatando la risa general de todo el colegio.  

Así recuerdo a Liliana gritando ¡OSOREZ! Así recordaré a mi querida amiga, con su andar apresurado, con sus gestos bruscos, con su risa a carcajadas, con sus exabruptos y graciosas respuestas a voz en cuello. Así le recuerdo,  cargando a quienes la desafiaban con las cervezas, tratando de inútiles a quienes ponían “peros” a la obra de Dios. Vistiéndose de monja por una causa, llegando de madrugada con las tarjetas de un retiro o las cartas de los padres de familia para los chicos de un retiro. Saliendo a  cualquier hora si alguno de nosotros le pedía un favor, amaneciéndose cuando estuve enfermo, cuidando del amigo afligido o del que más le necesitaba…




Le recordaré siempre con su guitarra y su ronca voz  cantando un vals criollo, con las cucharas en las manos acompañando una polka o sentada en el cajón tocando un festejo…

Pero más la recordaré como la viva imagen de Dios en mi vida…como la palabra cierta,  como el consejo sincero, como la madrina de Mauricio, mi hijo, como la amiga incondicional y hermana de Jeannette, como el resumen de la palabra amistad en su propia persona…como la amiga que siempre deseo lo mejor para mí.

Lo que soy ahora, tiene mucho que ver contigo también Liliana.

Hasta pronto Lila…te quiero mucho...te veo luego.



miércoles, 23 de enero de 2013

Aquí o allá…


  
Con un pie aquí y otro allá…
Dedico una mirada a lo que he vivido
Con una mano sujeto el ahora
Y pienso en los pasos que he dado…
Con la otra mano intento apresar el amanecer
Y me sorprendo evocando días de audacia
Momentos en que  fui adalid de sueños
Trovador de mis canciones
Interprete de melodías ajenas
Jovenzuelo imprudente
Un hombre extraviado…

Con un deseo puesto aquí…
Y  un sueño anclado allá…
Dedico momentos a extrañar
Lo que dejo al marchar
La flor  bella que sembré
Los amigos  que hallé
Los senderos que descubrí…
Las historias que conocí…
Los versos que de madrugada escribí

Con una realidad aquí…
Y un anhelo allá…
Aligero la alforja
Guardo mis sentimientos
Las palabras pierden significado
Las frases se hacen mudas
La melodía apresa los motivos
Y la voz se escucha en la noche
Pero no es lamento…es un canto…

Aquí o allá
Todo esto me ha de acompañar
Pues nada dejo…todo llevo
Un  corazón  atiborrado de recuerdos
La sangre inundada de alegrías…
Y un espíritu que se  alimenta de esperanzas

Aquí o allá
Cada día es un nuevo comenzar
Nada más…no tengo nada que agregar…