viernes, 28 de abril de 2023

Luna o Sol



Un edificio se apoya en sus cimientos

el científico en sus conocimientos

el tren en su motor

el deportista en su preparación


Una vida se construye desde el dar,

ofreciendo el corazón 

al destino lo sujetas al andar,

soltando el desamor 


La luna solo refleja al sol


La vida es un segundo, digo

y a cada instante recuerdo 

que dependo de mi esfuerzo

de mi mano en la pluma 

de las historias de las que soy testigo

no dependo del arco iris

aunque ame sus colores


El halcón que ves volar depende de sus alas

el viento es un medio,

El árbol que crece inmutable, da sombra, cobijo, 

se alimenta de lluvias, de vientos

Un lobo solitario no depende de la manada 

sabe que sus lazos son de sangre


El sol nos da vida


Y la vida siempre es un volver a empezar, 

voy sujeto de mis sueños

me alimento de mis pasos

el silencio es cómplice fiel de mis latidos


Si la vida se derrumba, 

si me quedo sin un sol

estaré de pie, como siempre 


Todo depende de mí, de nadie más

mi padre ya no está

mi hijo narra sus historias

nadie sostiene estos días


Sabiendo eso, no debería olvidar quién soy


¿Soy Luna o soy Sol?


Sol, digo yo






domingo, 16 de abril de 2023

Vallejo y mi abuelo Antonio



Recuerdo que cada 15 de abril mi abuelo destapaba un vino o una cerveza en su almuerzo “un día como hoy murió César Vallejo” decía y desde mis seis años yo lo miraba extrañado. Luego él con mucha ceremonia levantaba su copa sobre la mesa y comenzaba a decir “Por el poeta del Perú”  luego declamaba unos versos como si bendijera sus alimentos. Yo preocupado por mis juegos infantiles no entendía nada. 


Cuando años después leí en la universidad  "Los Heraldos Negros" algunos años después, entendí por qué aquellos versos y Vallejo tenían que ver con mi vida. Esos eran los versos que mi abuelo Antonio, declamaba en casa y comprendí por qué el abuelo lo admiraba tanto. Don Antonio Sandoval Honorio, mi abuelo materno fue un hombre humilde que no terminó el colegio porque era el hermano mayor y debía trabajar en el huerto de su abuela, él había nacido en Otuzco, provincia cercana a Santiago de Chuco.  Alguna vez algo bebido nos dijo sobre la mesa, “yo lo conocí, lo escuché en la plaza de mi tierra” , por supuesto, el pobre viejo fue ignorado. Siempre que bebía, decía lo mismo, “soy un ignorante debí terminar el colegio” pero lo recuerdo siempre con libros y periódicos en sus manos. Hablaba de Vallejo, del Inca Garcilaso de la Vega y personajes de la cultura peruana y cuando podía declamaba los versos de Vallejo. Ese viejo que se decía ignorante, me contó la historia del Perú sentado en sus piernas cuando solo tenía seis años, como si me contara cuentos, e hizo que mis héroes fueran Cahuide, los hermanos Ayar, Ollantay, él me leyó los "Comentarios Reales del Inca Garcilaso" y me regaló regaló revistas de 1940 que relataban la caída de la línea Maginot en Francia.


Cuando me llevaba al barrio del Porvenir donde su amigo de la infancia, Abel, para cortarme el pelo. Sentado a su lado lo escuchaba.


  • “Hay golpes en la vida”, hijo -  decía mientras hacía un cambio en la marcha de su viejo Ford celeste del 36, doblando por las calles de La Victoria - "¡tan fuertes...! - y luego más alto exclamaba - ¡yo no sé!" 

  • Sí abuelito - contestaba yo preocupado.

  • Y a mí la vida me ha golpeado mucho, pero aquí estamos hijo, listos para seguir - y de pronto volvía a declamar - "abren zanjas oscuras, en el rostro más fiero", mira mis arrugas y las canas que peino.


Y yo, desde mis siete años le miraba más preocupado y asustado por lo que sucedería con mi pelo cuando llegáramos donde su amigo Abel, peluquero y él continuaba hablando  


  • Vallejo nació en Santiago de Chuco, cerca de donde nací, conocí su casa, alguna vez lo vi, él es el más grande poeta peruano..."  - repetía una vez más, mientras aparcaba su viejo Ford, delante de la peluquería. 


 Y yo sentía crecer mis temores, cuando divisaba al pequeño hombre adulto de guardapolvo blanco, con cabello negro y corte de pelo al estilo militar nazi, tenía un bigote ralo bajo la nariz. Recuerdo que me preguntaba entonces ¿Me recuerda a alguien? ¿A quién? Dudaba yo.


  • Vallejo, era un grande, fue un grande, seguirá siendo un grande... Mientras no lo olviden las generaciones y tú no lo olvidarás...! ¡Promételo hijo! … - decía grandilocuente  mientras cerraba las puertas de su auto.

  • Sí abuelito - contestaba aterrado mientras entraba a la peluquería de su amigo Abel


Mientras las tijeras cortaron mi cabello, los dos amigos recitaban a Vallejo como si estuvieran en trance, mirándose cómplices mientras se turnaban las estrofas.


  • “Serán tal vez los potros de bárbaros atilas”  - decía mi abuelo ante la mirada de los que esperaban por el peluquero.

  • “O los heraldos negros de nos manda la muerte” - contestaba su amigo Abel.


Cerraba mis ojos hasta que terminaba de cortar mi cabello y luego dirigía mi odio al peluquero llorando cuando me miraba al espejo, pues me rapaban dejando solo un poco de pelo en la sesera.  Mi abuelo calmaba esa frustración con suaves palabras, con dos chocolates  Cua –Cua, una gaseosa Pasteurina y dos riquísimos Chancay. 


Luego conducía a casa, declamando a Vallejo, otra vez.


Pasaron muchos años de esa escena, hasta que un día los compañeros con los que estudiaba en los talleres de literatura en el instituto "El Pontón" de Collado Villalba en Madrid, me pidieron que presentará a un poeta de mi país y expusiera su obra en unas tertulias de café que hacíamos en el parque central de Villalba, junto a la estación del tren. Mientras investigaba y preparaba la exposición sobre la vida y obra del poeta peruano Cesar Vallejo, recordé a mi abuelo Antonio con nostalgia. 


Esa tarde mis amigos españoles se deleitaron con las separatas que les entregué y luego solicitaron que les leyera el que más me gustaba…


Cuanto recordé aquella tarde a mi abuelo Antonio Sandoval Honorio, y que difícil describir los sentimientos del momento.


Solo guardé silencio unos segundos, mis ojos acuosos delataron mi nerviosismo, mi sangre hirvió de orgullo y emoción cuando en voz alta pronuncié..."Hay golpes en la vida...tan fuertes ¡yo no sé!..."


Abuelo Antonio, no olvidé a Vallejo…


Ni a ti tampoco. 


Permítaseme entonces hacer hoy un homenaje al gran Cesar Vallejo y al hombre que de alguna extraña manera también es “responsable” de que yo eligiera este camino. Ayer en una entrevista me acordé de él. 


En dónde estés abuelo Antonio, gracias.











jueves, 6 de abril de 2023

"SOLO UN CUADRITO EXCEL"




Soy Juan Antonio Iván Adrianzén Sandoval, estudié derecho durante varios ciclos para alegrar a mi padre. Pero lo mío en realidad era otra cosa y terminé por abandonar los claustros universitarios cuando me casé por primera vez. Ahora después de un largo camino, soy coach narrativo (eso dice mi diploma), además escribo historias y pensamientos que a veces llamo poesía. Soy director de Caivas Ediciones a tiempo completo y disfruto lo que hago cada día.


A estas alturas de mi vida, me digo siempre, “tengo la misma cantidad de huesos que un hombre normal,  tengo además la suma de ilusiones de un niño, de un hombre y un anciano, poseo el mismo deseo de trascender que cualquier persona que va por la vida”. Además de escribir, me encanta trabajar en la difusión de la cultura y la educación para mis compatriotas. En un país como el nuestro es necesario tener  “brazos fuertes para remar contra la corriente”, me dijo mi padre alguna vez, cuando contradije sus deseos de que fuera abogado. 


Ahora recuerdo que unos días después que mi segunda esposa se separó de mí y mi hijo viajó a Brasil siguiendo sus propios sueños, decidí abandonar un puesto de trabajo en una empresa, con un sueldo mensual, por la aventura de vivir haciendo lo que quiero, escribir. No sabía qué haría, solo quería pensar en mi. En esos tiempos no imaginé en ningún momento que el camino me permitiría ser parte de situaciones graciosas, sorprendentes o dramáticas y que viviría anécdotas cargadas de emociones. Las mismas que dejarían luego un saldo positivo o negativo y que eso dependería del manejo que le diera a cada una de ellas. Al final, siempre me repito, “esas situaciones solo se convierten en motivo para sentarme a escribir y contar lo que vivo”.


Una mañana de comienzos de octubre estaba trabajando en casa ( léase escribiendo) unos relatos sobre perros que pienso publicar pronto, cuando sonó mi celular.


  • ¿Aló? - era mi amigo Harold Alva que dijo emocionado - Hagamos una feria, quiero que me ayudes - agregó.

  • ¿Qué hay que hacer? - le pregunté  

  • Solo haces un cuadrito excel y pones los nombres de los participantes, nada más - dijo con la alegría y entusiasmo de un niño. Pues así es mi amigo Harold. 

  • ¿Solo eso? - pregunté.

  • Si, y serás el director cultural de la fundación, de la que ya eres parte - agregó 


Y acepté.


Transcurridas unas semanas de esa llamada se inauguró en noviembre la feria de Barranco “Ven a leer el mar” y los días fueron pasando uno tras otro entre eventos, recitales y cancelaciones de última hora, hasta que llegó el domingo 27 de noviembre. Ese día mientras estaba en la biblioteca de la municipalidad de Barranco esperando a los presentadores de unos libros infantiles que ya tenían un retraso de 18 minutos, recordé la frase aquella de "Solo haces un cuadrito excel” y sonreí con ironía. Pues no sabía cómo resolver la impuntualidad de los presentadores y otras situaciones que se habían suscitado ese día y a lo largo de los días de la feria.


En ese instante llegó el mensaje por whatsapp de un escritor que me avisaba que no se presentaría en la hora que él había "solicitado". ¿La razón? Se sentía maltratado, ya que no se había publicado su presentación en las redes y consideraba que la organización (ósea Harold, Sol y yo) tenía serías deficiencias. Las tardanzas y las cancelaciones me llenaban de angustia, pues mi único deseo era que todo salga bien. 


Ese día, luego de muchos inconvenientes, llegaría la filarmónica de niños a la feria y su directora me había comentado temprano que los niños estaban emocionados por tocar en Barranco, un distrito con tanta tradición y renombre. Recuerdo entonces  mis pensamientos aquella tarde estando solo en el auditorio de la biblioteca, ”¿Por qué se demoran tanto los escritores? alguno ni siquiera avisó que no venía - pensaba - las escritoras están ofendidas por el horario y porque las fotos que se usaron para sus presentaciones virtuales, no les gustó y simplemente no vinieron, ¿por qué serán así?” me pregunté varias veces apesadumbrado. Por ósmosis (como diría el maestro Miguel Rubio) entre mis pensamientos y mi nerviosismo, no entiendo hasta hoy, por qué se me dio por pensar en Jano, el dios de las dos caras.  Esa tarde mi soledad en la biblioteca de Barranco me pesó grandemente y como única reacción comencé a reír como un desquiciado, pensando en lo irónica que puede ser la vida y el destino "los que no hacen nada, nunca se equivocan" , exclamé en el silencio.


En ese instante tocaron a la puerta  con insistencia.


  • ¿Quién es? - pregunté mientras abría.  


Era Sol Pozzi-Escot, nuestro jefe de prensa de la feria y mi amigo.


  • Hola Iván - me saludó con una sonrisa.

  • ¡Cuadrito de excel me dijo!! - le dije de pronto sin contestar su saludo.


Sol, levantó los hombros y las manos sorprendido, sin entender.


Y seguí riendo como trastornado, mientras Sol me observaba. Luego cuando le expliqué, nos reímos juntos de las circunstancias de ese día.


Aquella tarde finalmente se presentó exitosamente y con gran audiencia la filarmónica de niños en la feria de Barranco con el auspicio de la “Fundación Iberoamericana para las Artes” de la que somos miembros, siendo  yo el encargado de presentar a los niños.  Los señores de los cuentos infantiles nunca llegaron, ni se disculparon, la feria continuó unos días más y terminó. Las escritoras molestas me bloquearon en las redes, el escritor que nunca llegó, presentó su libro en otra feria y se quejó con Harold. Yo regresé a mis relatos con mucho estrés en mis hombros.     


De esa tarde en Barranco pasaron varios meses. 


Hace unas semanas concluimos la "Primera Feria Internacional de la Molina" y está vez se presentaron en la clausura cincuenta niños de la agrupación “Orquestando” ellos tocaron música clásica en un evento multitudinario. Ese día otros fueron los presentadores y para otros fueron los aplausos, pero igual me emocionó escuchar sus interpretaciones desde el lugar en donde me ubiqué, al final somos un equipo equilibrado. Y como  ya debes de haberte dado cuenta, otra vez mi amigo Harold volvió a sacarme de mi soledad voluntaria para que haga otra vez “el cuadrito excel” con los nombres de algunos escritores y poetas, dejando abandonado (otra vez) mi libro con historias de perros.


En la feria de la Molina, como la vez anterior en Barranco, he recogido sillas, he hecho de sonidista, he cargado y colocado mesas, he sido también parante de micrófono cuando los niños que tocan violín de la academia de mi amiga lo necesitaron; he sido presentador de escritores y ponentes en diferentes eventos y exposiciones, he desmontado el escenario varia veces según lo creíamos necesario. Además me he enfrentado a un díscolo joven venezolano, que quería robarle a los feriantes, ósea he sido seguridad o guachimán también. He hecho todo eso y algo más, pero siempre con una sonrisa y sin angustia porque esta vez sí lo disfruté y me divertí.


La feria de la Molina, salió mejor que la anterior, (en mi opinión) porque corregimos algunas cosas que solo la experiencia nos permitió reconocer y esta vez sí me di tiempo para acercarme y conocer a los escritores que solo veía y conocía en las redes o de los que había escuchado en algunas conversaciones. Gracias a estas ferias he tenido el honor de estrechar la mano y de conocer a  Omar Aramayo, a Sixto Sarmiento, a Ricardo Ayllón, a Roberto Rosario, a Luis La Hoz, a Nicolás Yerovi, a Adrian Alberto, a Maruja Valcárcel, a Cecilia Medina, a la niña Ariana Yantas, a Elí Urbina, a Patricia Denegri, a Maria Elena Blanco, a Eldi Toro, a Eduardo Gonzales Viaña, a Ramón Ivan Lizana de Chile, a Yirama Castaño de Colombia,  entre muchos otros autores, escritores y poetas.



Estas experiencias me han permitido reafirmar que la decisión que tomé una mañana cuando en una mochila puse mis cosas personales y salí de la oficina en la que trabajaba para alguien que solo buscaba el éxito con el esfuerzo de otros, fue la correcta. Nunca regresé por mi liquidación, acabo de recordar eso. Creo que al sr. Rafael Y. la vida le pasará la factura, yo no. Cuando salí esa mañana de esa empresa sin despedirme de nadie, solo tenía claro que quería escribir, aunque lo hiciera  mal. 


Y no me he defraudado.


Hoy, en esta tarde de comienzos de abril, sentado en esta banca en mi lugar favorito de Pueblo Libre, estoy revisando una vez más mis correcciones de mi libro “ Días de perros”, y  me siento satisfecho. Sigo siendo el anónimo personaje del “cuadrito excel” que espera que todo salga bien. Ese hombre que ven que va de aquí para allá. Tengo paciencia con mis objetivos, trato de ser honesto, me esfuerzo en ser leal. No soy el iluso de antes, no soy un tonto, me doy cuenta "del cuando" y "del cómo" de las cosas y espero a que se realicen, leo cuando quiero, y escribo cuando la musa acaricia mis pensamientos. Pero lo más importante, estoy en paz conmigo mismo.


Mi buen amigo Harold me acaba de escribir al whatsapp “ Hermano, tenemos feria”, sonrío mientras le contesto a la sombra de este árbol frente al museo Larco, a unas cuadras de donde vivo, ¿Otro cuadrito excel?


Cuando estoy por regresar suena el celular, y es Mauricio mi hijo que me pregunta.

  • Papá he visto que has estado en algunas ferias ¿Qué haces allí?

  • Solo hago cuadritos excel, hijo - le respondo y nos reímos juntos.

  • Explícame - me dice

 

Y comienzo a contarle todo. 


Cuando converso con él, siento que la vida tiene mayor sentido.












 

martes, 4 de abril de 2023

EL UNIVERSO

 


EL UNIVERSO
 
En el universo,
como está estructurado,
no hay espacio para nosotros dos
la armonía suele desatar vibraciones buenas
que el orgullo consume
como el fuego hace con la leña,
el equilibrio no manipula
el amor no duele
la verdad no ofende

Se necesitan dos
para una buena amistad
se necesitan dos
para una cruenta pelea
se necesitan dos para el amor sincero
aún diciendo adiós

El universo
como se organiza
no tiene espacio para egoísmos
para frases dolientes
para quejas, para victimismos
para culpas e indiferencias

Soy un gato que llama a la luna distante
un búho que camina las noches
un batracio que espera manos nuevas
para escribir historias diferentes

El universo es sabio,
la naturaleza es sabia

Soy tan solo un hombre
que no entiende
que ya no existe un "nosotros"
pero insisto

Porque en mi universo

te amo en silencio