
Cuando
era niño, el hermano de mi madre tomaba mi mano para ayudarme a caminar. Me
enseñaba a sumar, restar y demás operaciones. Recuerdo que usaba frutas para
explicarme la teoría de los conjuntos. Aplaudía mi gusto por la historia y la lectura,
siempre resaltaba mi buena memoria. Al tío Andrés, nunca le hizo falta tiempo
para jugar conmigo o enseñarme alguna cosa que sirviera para distraerme. Hizo
mis dibujos escolares y algunos trabajos que resultaban difíciles para mí.
Cuando en la noche la oscuridad me daba miedo el venía a acompañarme.
En su
viejo Ford del 48 conocí las playas del sur, la Planicie y sus lagos artificiales,
los campos de Huachipa o algún lugar de Lima en los años 70. Cuando algo en
casa se malograba, era él quien lo arreglaba. Componía mesas, sillas, pintaba y
remodelaba todo lo que le pedían. El ingresó a la universidad a estudiar
medicina veterinaria cuando yo estaba pequeño. Luego me contaría porqué.
Después
de concluir el colegio, se puso a trabajar de ayudante de mecánica por un
tiempo y luego entró a Seguros Pacifico,
trabajo que abandonó para tentar suerte en México, hasta donde viajó
para ingresar a la facultad de medicina veterinaria. Después de un tiempo se
regresó al no lograr su cometido y decidió prepararse para ingresar a la
universidad San Marcos. Se demoró en hacerlo, pero ingresó finalmente. Y con
los años se hizo médico veterinario.
Andrés
Sandoval Guillén, era querido por todos, recuerdo una vez cuando toda su promoción
universitaria se apareció en un largo abrazo ocupando todo el ancho del solar
en el que vivíamos para saludarle por su cumpleaños. Aquella noche cantaron y
celebraron por el amigo más querido. Y todos nosotros sus sobrinos disfrutamos de su alegría.
En mi
adolescencia estuvo conmigo en mis primeras decepciones amorosas aconsejándome,
invitándome a mejorar y dar mi mejor esfuerzo en los estudios. Cuando terminé
el colegio me llevó a su casa en Sicuani – Cuzco para ayudarme en mi
preparación para la universidad. Con él conocí el Cuzco, Sacsayhuaman, el valle
del Vilcanota, Ullurmiri y sus aguas termales. Gustaba de brindar conmigo con
una cerveza y una larga conversación.
Podría
enumerar tantos recuerdos y extenderme largamente. Y aun así no me alcanzarían
las palabras para expresar todo lo que mi tío, mi padrino y amigo Andrés,
significo para mí.
Siempre
tuvo la palabra precisa y el consejo certero. Muchas de sus frases marcaron el
rumbo de mi vida. “Tienes hijo que darle un giro a tu vida”, “olvida es lo
mejor para ti” y la frase que siempre me repitió. “Tienes talento no lo
desperdicies, has lo que te gusta”, no solo eran palabras. En los momentos más
tristes y solitarios el estuvo allí. Me llevo al hospital en mi derrame
cerebral. Me cuido con su esposa. Como a un hijo. Nunca me juzgó o sentenció.
Ni abandonó a pesar de mis errores.
Hace
unos meses, conversamos como siempre. Le conté de mis proyectos, me escuchó.
Sugirió que buscara un medio para sobrevivir. Pero que siguiera mi destino, que
hiciera lo que me apasionaba. Y así lo hice...
..............................................
Y
ahora ya no estás y necesito que tomes mi mano, porque este camino aún es
sinuoso e inseguro.
Voy a
extrañar tu voz, tus palabras, tu llamado a tomar café. Cada vez que prepare un
lomo al jugo te recordaré con más intensidad. No tenías que irte sin ver mis
versos impresos, sin leer historias, en las que fuiste un personaje. Me harás
falta tío Andrés. Sin ti la vida deja de tener ese aire que le dabas con tu
sencillo andar y caminar. Con tu risa, y nuestras bromas y recuerdos de mi
abuelo Antonio y nuestra Luca. No eras perfecto, pero para mí siempre serás un
gran hombre. El mejor que he conocido. Quien me dio amor y amistad.
Mucho
de lo que soy como hombre, padre y amigo. Lo aprendí de ti. Con tu ejemplo, al
verte en un abrazo con mis primos. Con tu esposa y tu cariño para mí. Me harás mucha falta.
En nuestro último café de hace dos domingos, me dijiste "eres un hijo para mí".
Gracias por llamarme así. Padrino.
Me harás mucha falta.
En nuestro último café de hace dos domingos, me dijiste "eres un hijo para mí".
Gracias por llamarme así. Padrino.
Me harás mucha falta.
Me harás falta
mis lágrimas no te merecen
mis palabras mudas, gritan pena
mis sentimientos quebrados, te
acompañan
mis latidos sollozan,
mi amor te llama.
Hablabas, yo escuchaba
hacías, yo aprendía
aconsejabas, y hallaba el rumbo
soplabas, y yo era vela al viento
me abrazabas, y encontraba abrigo
me mirabas, y no habían palabras
callabas, y aún así te escuchaba
caminabas, y te seguía
eres grande decías, y te creía
tu puedes, exigías, y vencía al día
olvida, dijiste, y mi amor escuchó
hijo, dijiste, y tu paz me alcanzó
ven conmigo, llamaste, y aquí estoy
Soy, tu hijo
eres un padre
mi amigo
mi padrino
De tu mano aprendí la vida
Me harás falta
tu voz que ya no dirá mi nombre
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