¡Tú tienes la culpa!
¿Yo tengo la culpa?
Nadie tiene la culpa ¡la culpa es de Dios!
Nadie tiene la culpa ¡la culpa es de Dios!
Y marchan impávidos sintiéndose libres de error…
¡Tú lo hiciste!
¿Yo lo hice?
Nadie lo hizo
¡lo hizo Dios!
¡lo hizo Dios!
Y así durante años, culparon a otro
¿Por qué mueren los niños?
Preguntaba un hombre con un fusil en las manos
¿Por qué existe el hambre, la miseria, la maldad?
Interrogó otro mientras descansaba recostado
¡Por que Dios no existe! y si existe se ha olvidado de todos
Inquirió otro que contaba el dinero, que había robado
¿Por qué mueren los hombres y mujeres buenos?
Reclamó otro pusilánime, con rostro deprimido desde un rincón
Y así se pasaron los días
cuestionándose
cuestionándose
¿Por qué, mi hijo me ha abandonado?
Preguntaba una madre encorvada por el peso de sus joyas
No me alcanza para vivir estoy depresiva
Comentó una beldad, antes de su tercera liposucción
¡La vida es una porquería! gritaron dos jóvenes
Mientras se inyectaban un poco de alegría
¿Dios? ¿existes? ¿Por qué mi vida es tan triste?
¿Por qué no me escuchan? ¿Por qué ya no te buscan?
Preguntó alguna tarde un cardenal en Roma
Mientras ignoraba a un misionero por andrajoso
¿De quién es la culpa?
Me pregunto desde mi confortable habitación
¿Qué poder hacer?
Me digo,
cómodamente sentado en una terraza
cómodamente sentado en una terraza
Pensativo
A mi lado, en otra mesa, atino a escuchar
¡Tú tienes la culpa!
¿Yo tengo la culpa?
Nadie tiene la culpa ¡la culpa es de Dios! discuten
¡Todos! repito para mí ¡Todos tenemos la culpa!
Y sin saber más que decir
hastiado
indignado
me voy
hastiado
indignado
me voy
Me levanto y me pierdo por el bosque más cercano








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