Estaba sentado en las escaleras de la catedral, en la plaza de armas de Lima, antes le había visto caminando sin rumbo por el jirón de La Unión, ahora estaba con la cara escondida entre sus manos, como sollozando. Por momentos elevaba la mirada hacia el cielo gris, como implorando, balbuceaba palabras que a la distancia no lograba entender. Allí estaba con su traje azul y rojo, con larga capa roja, pensando y descifrando aquello que no podía entender (eso fue lo que me dijo luego), intentando recuperar fuerzas para seguir en su lucha, alisando su cabello y cuidando del curioso detalle de su frente. En sus ojos se podía leer decepción, angustia, temor, y muchas preguntas sin resolver…
- ¿Qué tiene poderoso hombre? – pregunté con algo de temor por un posible rechazo.
- Nada amigo, los súper héroes también tenemos un mal día… - dijo y escondiendo su rostro entre las manos comenzó a sollozar.
- Pero usted es el hombre de acero, ¿Qué puede pasarle? – consulté con desazón – creo que nada… - agregué inseguro al verle de esa manera.
- Pues lo mismo pensaba cuando vine aquí…..pero encontré que había otras cosas que me afectaban…más que la Kriptonita… - contestó secando sus lágrimas.
- ¿Pero qué puede afectarte Superman? – le dije directamente.
- ¿Sabes?... – comenzó diciendo.
- Ayer patrullaba por la carretera central y vi a dos “combis”, esos de la empresa “El Chosicano” haciendo carrera…decidí detenerlos, pero antes de que pudiera hacerlo uno de ellos cerró al otro, este se salió de la carretera y se dirigía directo a un paradero abarrotado de personas…Con rapidez evite el accidente deteniendo las “combis” y salvando a las personas. Retuve a los chóferes por imprudentes y sinvergüenzas, esperando a la policia.
- ¡Qué bien!!!... la gente te habrá agradecido – dije.
- No… - dijo fríamente – me reclamaron que los estaba demorando, que llegarían tarde a sus trabajos. Que no había pasado nada, que yo era un payaso y que no me metiera. Uno de los cobradores me escupió en la cara ofendido y una señora de vientre abultado me propuso que le hiciera un hijo para dejar de ser pobre. Los chóferes se echaban la culpa y se empujaban. En ese momento llegó la policía, en uno de esos patrulleros nuevos, los inteligentes, creo que les dicen, pude darme cuenta que en la computadora que tienen incorporada alguien estaba viendo una porno. Ellos, los policías, se llevaron aparte a los chóferes y algo arreglaron porque los vi sonrientes guardar unos billetes en sus bolsillos. A esas alturas el griterío de las personas contra mí era más fuerte, algunos que tenían la cabeza cubierta con capuchas, los más jóvenes, me arrojaron algunas piedras. Los Chosicanos ya se habían llenado otra vez y continuaron su carrera como si nada hubiese pasado. El oficial de los policías se acercó en actitud arrogante y matonezca, mostrando unos amarillentos dientes… Déjate algo hermanito…, para la gasolina que el comandante solo nos da la mitad…dijo arreglando su gorra… No cargo dinero, mi traje no tiene bolsillos…le respondí…Humm, creo que ya que no colaboras tendremos que pedírselo a tu novia, Luisa ¿no?...y cuando cubras el cupo te la devolveremos… Le agarré de las solapas y lo sacudí fuertemente ante la mirada sorprendida de la gente que me insultaba y reclamaba por abusivo. Me marché entre el griterío, antes de que una piedra me alcanzará…
- Pero no todos somos así… - le dije indignado por lo que me contaba.
- Lo creo… pero eso no es todo…Cuando volaba pensando en lo sucedido por Caquetá, divisé a un hombre que intentaba saltar desde el puente hacia el río Rímac, en claro intento de suicidarse.
- ¿Y qué hiciste? lo salvaste, supongo.
- Claro, pero cuando le pregunté porque quería quitarse la vida, lo que me dijo me indignó mucho.
- ¿Qué te dijo? – le consulte con aprehensión.
- Que era maestro, que tenía un posgrado y un máster en Argentina, que trabajaba en un colegio estatal de Villa El Salvador, que ganaba 1,200 soles, que su esposa economista, lavaba ropa en una casa de San Isidro y que tenía dos hijos, uno de ellos enfermo y el otro buen estudiante no podía ir a la universidad por falta de medios, que trabajaba de cobrador de combi. Que su hijo con leucemia se podría salvar con un trasplante de médula ósea, pero en el Hospital de Neoplásicas le habían pedido un pago y él ya no sabía qué hacer. ¿Y sabes qué es el colmo? Me dijo finalmente… ¿qué?...le pregunté…Los funcionarios en este país ganarán hasta 30 mil soles, no es justo…y lloró sobre mi hombro…sin nada que yo pudiera decirle u ofrecerle. ¿Qué decirle?…como explicarle que la culpa la tenía el gordinflón de pronunciados senos, esa serpiente populista, ese político mentiroso y ladrón fue quien redujo los sueldos hace años, generando más corrupción. ¿Qué decirle a un maestro con ese sueldo?...Solo le deseé suerte…y me fui avergonzado.
- No sé qué decirte - dije con pesadumbre, contagiándome de su depresión.
- Pero no es todo, después cuando volaba por Las Casuarinas, escuché una voz angustiada que gritaba Socorro, Socorro…Pensé que se trataba de alguien en apuros y me apresuré en ayudarle. Pero grande fue mi sorpresa cuando me encontré con un pequeño hombre, casi ebrio en un departamento de lujo, en una mano una botella de whisky etiqueta azul, y en la otra un vaso con hielo servido al tope. Ayúdame…imploró… todo lo que dicen de mí son mentiras…nunca hice nada malo, ni compré propiedades, nunca gasté dinero ajeno, todo lo he hecho por mi país, me odian los blanquitos, porque un hombre de mi raza no debía llegar a donde llegué… dijo casi cayéndose. Dando arcadas sobre mi pecho, intentó argüir, intentó mostrarme unos documentos, diciendo palabras que no comprendía. Me marché cuando una fea voz de mujer, le llamó desde la otra habitación…Alejandro, ven que tenemos que ensayar lo que diremos para no contradecirnos…
- ¿Me hablas de quien yo creo? – dije asombrado.
- Si, del mismo… - dijo, con gesto cansado.
- Pero no te rindas, aún quedan personas por las que luchar, aún hay quienes trabajan por la paz y la verdad, por la honestidad. Las nuevas generaciones merecen nuestros mejores esfuerzos… - intenté exclamar.
- ¿Tú crees? – preguntó – vano es el esfuerzo, si no estamos todos comprometidos, en realzar los valores y los buenos ejemplos. De que valen las iniciativas, si la televisión solo resalta todo lo negativo y podrido en sus programas basura. Es normal el chisme, la mariconada, lucrar con la vida privada de los demás. El morbo, las violaciones, los asesinatos la sangre y el deseo de vivir en la mediocridad es lo que vende…" es lo que le gusta a la gente" dicen.... La televisión embrutece a esta sociedad, a todos. A los dueños de las televisoras y los diarios no les interesa difundir la cultura…les interesa vender y embrutecer más a las masas, a los jóvenes, a los niños.
- Tienes razón - dije aceptando la verdad – nadie hace nada por cambiar eso.
- En otros países los jóvenes luchan por mejorar su educación…aquí se pelean por conseguir entradas para ver “Esto es guerra”, "Combate", ahora "Titanes" y otras porquerías, aquí los jóvenes, la mayoría, se reúnen en bandas para robar o saquear cuando van a un clásico del fútbol. Hay programas que exaltan la mediocridad, el arribismo, la vagancia, el dinero fácil…excusándose de que eso es el Perú…y que siempre al fondo hay sitio para uno más...Es normal, que un homosexual escandaloso, investigado por abuso sexual contra jóvenes indefensos, sea líder de opinión, que tenga un programa y sea considerado un buen periodista y otro homosexual, que estuvo preso, por atropellar a un inocente, sea admirado y venerado por sus controvertidas opiniones. Aquí es normal pasarse una luz roja, robar, abusar, perseguir, asesinar…nada te pasa finalmente…nada….todos salen libres por falta de pruebas o coimas. ya no aguanto…
Esta ciudad se paraliza porque una bataclana despechada habla de su adulterio con un futbolista, pero contempla indiferente como un niño vende caramelos en la calle para comer e ignora a quienes intentan hacer algo por mejorar las cosas - dijo el hombre de acero, visiblemente molesto.... - Puedes creer que el otro día llevé un bombero herido a emergencia y no quisieron atenderlo porque no tenía su DNI a la mano. Es indignante, no puedo salvarlos de sí mismos... La gente de esta ciudad no quiere cambiar...Ellos mismos la ensucian, la destrozan y encima reclaman...No los aguanto más... ¿Qué hago aquí?...Una congresista me llamó urgente para pedirme que le ayudara a colocar un panel de publicidad sobre un colegio estatal, practicamente me exigió hacerlo... mientras un obrero, padre de once niños moría, enterrado en una construcción por falta de medidas de seguridad y porque no llegué por culpa del panel de publicidad de la congresista. Pero de eso nadie dice nada...
- ¿Puedes creerlo?...No es la ciudad...es su gente...son ellos los que no mejoran.
Dicho eso se puso de pie, y comenzó a caminar. Momento que aproveche para tomarle algunas instantáneas, esperando que no se molestara conmigo.
- ¿Y tú?... ¿Qué haces?... – me preguntó de pronto.
- Persigo mis sueños e intento escribir… - dije dudando, sorprendido por la pregunta.
- ¿Solo eso? – exclamó sorprendido, incomodándome…avergonzándome.
Iba a explicarle, a justificarme, pero una inocente niña se acercó y le dijo que no tenía que comer. Superman cambio su semblante inmediatamente. Dejó de lado su visible fastidio, cambio de actitud y recuperó la compostura y el garbo. Otra vez era el superhéroe que yo admiraba desde niño.
- Por ella... seguiré…por todos los niños de este país… Espérame criatura, ya regreso…- dijo con voz estentórea.
Y diciendo eso se elevo con rapidez, desapareciendo raudo entre las nubes que cubren de gris esta caótica y agresiva ciudad.
Por largo rato estuve contemplando las nubes, pensando en esta rarísima experiencia, preguntándome si alguna persona me creería si intentaba narrársela.
Pasaron los días y mis dudas se mantenían, estaba seguro que nadie me creería si la escribía o la contaba. Una tarde mientras caminaba pensando en mis propios problemas entré a una iglesia del centro de Lima, San Pedro creo que se llama. Y le vi otra vez. Allí estaba Superman, orando por esta ciudad, eso fue lo que me dijo.
- Tan mal estamos… - pensé y le acompañé con mi oración.
Vencí mis reparos y escribí esta historia, espero que me crean y juntos ayudemos a Superman.
Si no es él...¿Quién podrá defendernos?...







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