martes, 26 de mayo de 2020

Inútiles



Y de qué sirve la testaruda idea
de que la verdad eres tu
sí en la noche
conversas con el silencio
y te da razón

De qué sirve saber  la palabra
cuando los besos  traen  respuestas
de preguntas no hechas
cuando los motivos se ahogan
en libros colgantes
en obras que son solo adornos
que si leíste
nunca comprendiste

De qué sirve, digo yo
tanta arrogancia
tanto el saber
tanto creer en un dios lejano
tanto andar un camino pedregoso
tanto el esfuerzo tonto
tanto amor civilizado
tanto el linaje rancio
y tanto de tanto
que es nada

Sí frente a la inmensa
certeza  del final
solo estás tú
la sabana blanca
tu orgullo
y nadie  más
que el silencio 

Que siempre te da la razón





viernes, 20 de marzo de 2020

Mi hermana Carolina, despedida.

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Cuando tenía 9 años unos muchachos del nuevo barrio al que mis padres se habían mudado en Pueblo Libre, me pegaron porque le había pateado los testículos al mayor de todos, que tenía 16, pues me enseñó por vez primera una revista pornográfica, eso no fue el problema, el problema fue que me dijo que a mi madre le hacían todo eso y yo que creía, que el sexo solo lo hacían las mujeres de la calle. Me ofendí y le pateé las gónadas. Este imberbe me alcanzó junto con los demás muchachos y me cazaron a patadas, casi llegando a las puertas de la nueva casa. Recuerdo que caí en el poste del alumbrado enfrente de mi casa y me pegaron como ha entenado. Se detuvieron cuando mi hermana mayor Carolina, les enfrentó, los empujó, les enrostró su cobardía, furiosa y valiente, ella solo tenía 11 años, ella defendía a su hermanito.

Carolina, siempre ha estado cerca de mí, ayudándome, aconsejándome, criticándome con dureza y verdad, molestándose cuando era necesario. Siempre presente a pesar de nuestras discusiones y nuestros desencuentros, mi rebeldía natural siempre cuestionó su frase “soy tu hermana mayor” pero siempre me gustó que dijera “eres mi hermanito”. Cuando alguna enamorada no era de su agrado, lo demostraba y cuando le agradaba se hacía amiga de ella, le invitaba lonche y robaba su atención, le encantaba estar entre mis amigos y decirnos que le encantaba nuestra amistad, a Luciano, a Ulises, a Edgar, a José, a nuestro difunto Julio, siempre les dedicó una palabra y una sonrisa, hace unos meses me dijo que si yo los considero mis hermanos, ellos también lo eran un poquito de ella.

Carolina siempre fue testadura y apegada a sus cosas, y eso me causaba risa y me burlaba de ella, recuerdo que tenía un buzo de la UNMSM, viejo y algo raído, pero era su buzo de la universidad y lo adoraba, ella se encontraba regando el jardín de la casa. Yo, llegaba de la universidad, pasé por su lado mirándola y le recriminé “quítate ese buzo, oye”, “me gusta pues” respondió ella y entré a la casa.

A los minutos entra Carolina llorando, la miramos sorprendidos mi madre y yo esperando nos explique. “Un idiota se acerca a la reja y me llama, chiquita, chiquita, llama a tu patrona que vengo haciendo una promoción de ollas”. Mi madre y yo nos hemos reído sin parar, hasta que ella se rió también, pero jamás tiró ese buzo, creo que mi madre lo escondió y luego lo botó.

Así recuerdo a mi hermana, testaruda, valiente para defenderme y decir las cosas de frente. Debes haber leído en otros post que estoy orgulloso de la hermana que tengo y es cierto.

Pero quiero contarte ahora que mi hermana está en España y tiene cáncer al pulmón, desde hace 4 años y ha luchado contra este mal como fiera y con entereza. Dejó su vida en Italia y se trasladó a España cerca de mi madre y se sometió a terapias experimentales y quimios sin cesar. Ha luchado, se ha caído y se ha levantado una y otra vez, jamás aceptó una silla de ruedas y permitió ser tratada con deferencia por su enfermedad, se disgustó cuando escribí de mi familia disfuncional, y me dijo las cosas que pensaba con dureza, pero no dejó de llamarme hermano y decirme lo mucho que me quiere. A veces, crees que la muerte te roza y no te alcanza, cuando tuve los infartos y el derrame cerebral ella preocupada me ayudó y luego fue ese ángel guardián en mi vida. Pero la muerte nos alcanza como algo inexorable y yo, que hablo mucho, no tengo palabras, ni razones más.
España, está en crisis sanitaria, Carito tuvo una crisis por su afección y la llevaron de emergencia, pero la prioridad son los pacientes con posibilidades de mejoría. Y aunque las pruebas dieron negativo para Coronavirus, no podían atenderla de forma adecuada, la fase 4 prioriza pacientes y mi hermana Carolina ya no lo es.

Carolina está en coma inducido, para paliar el intenso dolor que siente por la enfermedad. Mi madre, de 85 años no puede ver a su hija, ni despedirse de ella, imagino el dolor y el sufrimiento que tiene y me preocupa mucho. Mi padre, en Lima está en fase de negación y no le juzgo. Yo, lejos escribiendo esto en el silencio de mi habitación, intentado comprender qué debemos aprender de todo esto, nosotros como familia, tan desperdigados por el mundo como estamos. Quería ir a verla, pero no la alcanzaré, quizás cuando leas esto Carito mi hermana mayor, ya no esté entre nosotros o quizás siguiendo un rasgo muy típico en ella siga dando la batalla y tercamente se resista a dejar esta dimensión, que llamamos vida.

Te preguntarás ¿Por qué escribo esto? Para sacarlo de mí, porque no puedo cargar tanto dolor de ver a mi hermana en una video llamada sin abrazarla, sin decirle que la amo y que me hará mucha falta. Porque mis lágrimas no se calman, por estar atrapado en esta ciudad limeña que no quiero y veo a mi madre con su dolor que no amaina. Lo escribo porque es mi catarsis y se me da la gana, como diría Carolina.

Preparé mi viaje, pero hubieron otras circunstancias que me impidieron hacerlo, no juzgo, no culpo, no exijo, a cada quien lo que le corresponde. La vida esa de la que escriben los poetas siempre se encarga de cobrar las cuentas pendientes y las deslealtades egoístas.

Permíteme ser egoísta y en medio de este flagelo mundial, pedirte que enciendas una vela en algún rincón de tu casa y eleves una oración por Carolina, mi hermanita para que su paso a otra dimensión no sea doloroso y encuentre el camino en donde están mi padrino Andrés, nuestros abuelos Antonio y Lucrecia, Juan y Margarita, la tía Olga. Por mi madre y mi familia allá lejos, para que encuentren resignación y no se me vayan dejándome más solo.

Y si te quedan unas palabras, ora por mí, para que sea fuerte y encuentre consuelo, halle la paz que no tengo, para que aprenda a llevar este dolor con dignidad, haciendo lo que ella siempre me pedía, “No se te pide mucho, vive como un buen hombre, un buen padre, un buen hijo, un buen hermano. Leslie te necesita, cuídate y sigue tus sueños hermanito, eso siempre envidié de ti, haces lo que quieres y vas donde quieres”.

Este amor que guardo lo tengo conmigo y no sé qué hacer con él, cuando todo pase iré a España y no estarás Carolina como la primera vez que fui, que viajaste a recibirme y a enseñarme una nueva vida, aunque nunca estuviste de acuerdo que retornara a Lima hace años, debo decirte que tenías razón, no encontré nada, solo tristezas, lágrimas, desamor. Pero publiqué mi poemario que quería leerte y ya no podré.

Si amas a alguien díselo, no esperes estar lejos para hacerlo y que no pueda escucharte. Carito sabe que la amo y que siempre será mi hermana mayor.


Por siempre hermana, nos encontraremos, dicen


Gracias Dios, por darme la hermana que me diste, vives en cada recuerdo que tengo, gracias porque gran parte de lo que soy ahora, me ayudaste a construirlo con tu afecto y cariño.



lunes, 4 de noviembre de 2019

Mi hernana Carolina





A lo lejos recuerdo que tomé conciencia de que tenía hermanas, cuando una mañana ambas me atendían como si fuera un bebé, Carolina jugaba a ser mi mamá y mi hermana menor a la tía. Ambas me daban de comer y me vestían, era un juego pero mi hermana mayor lo tomaba muy en serio. 
Para Carolina recuerdo hoy,  siempre he sido su hermanito menor, el rebelde, el impetuoso, con quien la pelea y el desacuerdo, a parte del afecto, siempre ha sido parte de nuestro trato de hermanos. Recuerdo a través de los años que de niños ella me besuqueaba en exceso, orgullosa de que sea su hermano, me acompañaba y cuidaba. Le encantaba meterse  cuando podía a mi habitación a llevarse los libros que mi padre y abuelo regalaban. Consideraba que era injusto que todos me los regalaran solo a mí y como nunca aprendió a guardar silencio o tener tacto, decía lo que pensaba y actuaba como quería.  
De niños jugaba conmigo, compartía mi  tiempo y me seguía en las travesuras infantiles. De ella aprendí y conocí donde mi madre escondía las galletas colombianas, los caramelos americanos y dulces del extranjero que mi padre traía de sus viajes por el mundo, ya que era marino mercante,  y ella las escondía para que no se terminen en una sola noche. En épocas de dictadura militar nosotros éramos privilegiados al saborear esas a delicias que la mayoría no podía. Mi madre las escondía tan bien que luego olvidaba donde estaban, quizás ese sentido equivocado del ahorro que poseía ella haya marcado los conceptos de prosperidad que tuve por  mucho tiempo, aprendería con la experiencia luego de tantos golpes y desazones que “próspero es quién más genera no quién más ahorra”. 
Pero Carolina, me enseñó el arte de regresar las envolturas con bolitas de papel higiénico para que mi madre  no sospechara que nos las comíamos, con ella aprendí a picotear los queques de vainilla, que le encargaban a mi madre para las primeras comuniones, recuerdo que una vez Carolina le hizo un rectángulo en el centro de uno de ellos porque la tentación le ganó y comió de más, cuando mi madre armaba la torta encargada y giró el queque y se encontró con el rectángulo en medio, su cólera fue mayúscula; el castigo a mi hermana se oyó por toda la casa y alcanzó a todos los niños, hijos y primos. Algunas otras veces de noche bajábamos a la cocina a tomarnos la gelatina para el almuerzo del día siguiente, la misma proporción que nos tomábamos de gelatina era regresada en agua. Al día siguiente todos  criticaban la calidad del producto y ella me miraba suplicando silencio.
 De adolescentes ella se estableció en el escritorio de la casa que estaba en el primer piso y cuando alguno se ubicaba allí, ella reclamaba.
  •  Vete a tu cuarto allí tienes escritorio - decía ella segura de sus convicciones.
  • Pero estoy usando esta enciclopedia, termino y me voy - le respondía con terquedad sin moverme.
  • Tienes tu cuarto y tu escritorio, Leslie estudia en el cuarto de nosotras, en su escritorio y yo no tengo escritorio, así que estudio aquí. 
  • Respeta mi espacio. - decía ella esperando que me fuera.
En su lógica todo eso era justo, pero para los adolescentes como yo en esa época nos encantaba ir contra la lógica y la justicia. Las discusiones que se armaban porque nadie quería ceder.
  • Ese es mi sitio - dijo un día en la cocina mientras yo tomaba  lonche y veía televisión cuando caía la tarde.
  • Pero hay otras sillas siéntate en cualquiera - le respondí fastidiado.
  • No, esa es mi silla y mi sitio - respondió tajante Carolina.
  • No jodas - contesté irritado, iniciando la discusión.
  • Toma loca, enferma…. - gritaba cediendo ante su fría y determinada actitud después de largo rato de gritos y fundamentos que no servían. 
Una semana después, tuve mi oportunidad…
  • Carolina estas en  mi sitio, permiso - le decía saboreando mi oportunidad de incordiar 
  •  Allí hay otra silla – señaló ella mirándome fijamente.
  • Pero estás en mi sitio -  respondí siguiendo la lógica de sus anteriores argumentos.
  •  Estoy cómoda y no me voy a parar - decía sin levantar la mirada del libro que leía
  • Pero siéntate en otro lugar - intervenía mi padrino
  • Por qué tengo que ceder si ella nunca lo hace, padrino - exigía mientras ella no se inmutaba
  • ¡Ella es tu hermana mayor,  respétala!!!  - gritaba mi madre golpeando la mesa injustamente
  • Pero ¿? - indignado me encerraba en mi cuarto.
Ahora que recuerdo esas anécdotas, sonrío al pensar que mi hermana desde ese entonces poseía una gran personalidad, terca como un asno no cedía  cuando estaba convencida de una idea, y no la veías claudicar en sus principios fácilmente si su sentido de la justicia estaba vulnerándose, eso ha hecho creo yo, que llegara a donde llegó. Ingresó a la universidad San Marcos a estudiar psicología y fue madurando sus conceptos de la vida. Seguíamos discutiendo por cualquier cosa, y las oportunidades de compartir momentos y gustos eran desde entonces esporádicas, pero las disfrutábamos. 
Una mañana me escuchó decirle a mi madre que iría a la Plaza de Acho para escuchar cantar a Silvio Rodríguez, Alberto Cortez, Mercedes Sosa y otros cantantes de trova de los que yo era fanático, "hermano quiero ir, te acompaño" dijo casi suplicante.  
  • Voy a ir con mi enamorada (hoy madre de mi hijo) y algunos amigos de la universidad y tú eres mayor - le respondí esquivo.
  • Prometo no molestarte - dijo ella, juntando las manos.
  • Llévala - dijo mi madre y yo la miré incómodo.
  • Pero iré a las 6 de la mañana a conseguir entradas, que son gratis para universitarios, - insistí sin mucha convicción a punto de ceder.
  • Me despertaré y te acompaño - dijo resuelta Carolina.
Y lo hizo.

A las 5.00 am estaba tocando mi puerta despertándome, a las 8.00 estábamos sin desayuno en la larga fila que rodeaba la plaza de Acho, felices de estar entre tantos jóvenes como nosotros. Silvio y sus compañeros no venían así por así a Lima y no desaprovecharíamos esa oportunidad, eran nuestros ídolos y sus canciones acompañaban nuestra juventud rebelde y contestataria de entonces. 
Mi enamorada no fue con nosotros, se fue a una discoteca y mis amigos tampoco, fuimos solo los dos.  A las 4.00 de la tarde, entramos al recinto y disfrutamos de un gran concierto, cantamos juntos, saltamos, gritamos, lloramos emocionados haciendo coro a las mismas canciones que nos gustaban y no sabíamos. Creo que ese día entendí que no solo era mi hermana, Carolina era también mi amiga y así nos tratamos ese día, caminamos de regreso toda la avenida Abancay, luego hasta el Estadio Nacional y desde allí a casa en Pueblo Libre, conversando felices de lo vivido, cuanta complicidad, llegamos cansados pero aquel día marcó nuestra relación como hermanos. 
Mientras yo descontinuaba mis estudios de derecho, ella seguía concentrada en su carrera de psicología, una noche bajé al escritorio y le conté.
  • No me gusta lo que estudio,  quiero estudiar otra cosa, no sé qué hacer - le dije con ansiedad
  • Díselo a papá - dijo ella
  • ¿Entenderá? - pregunté
  • Hazlo hermano - y me abrazó, ella sabía que escribía en mis tiempos libres
Esa noche conversamos por horas de muchas cosas, al final me fui a dormir convencido de que mi hermana me comprendía. Resuelto a que si no aceptaba mi padre lo que quería, haría lo que había decidido, seguir mis sueños.
Papá no aceptó, y yo tuve miedo de decir algo y seguí intentando ser abogado sin mucha convicción, solo ella me decía que no era correcto eso, que me engañaba, que debía seguir mis sueños y no lo hice hasta mucho tiempo después, cuando entendí que era solo  mi decisión.
Una mañana mi padre me ofreció viajar a Japón y yo me negué convencido de que solo era un pretexto para separarme de la enamorada, Carolina tomó el pasaje sin dudarlo y se fue a conocer el Asia por 8 meses. Admiré su determinación en ese instante. Tan grande fue esa experiencia en ella que a su regreso terminó sus estudios y enrumbó a Italia a buscarse una vida. Mi hermana siempre ha sido mi mejor ejemplo, el faro que marcaba los pasos que nosotros, Leslie y yo dábamos.  
Llegó a Europa y al mes ingresó a la Universidad de Perugia y estudió enfermería, y se quedó a radicar largos años allá. Pero no fue fácil para ella y a pesar de eso nunca dejó de comunicarse conmigo, de insistir, de señalar mis malas decisiones, de decirme las cosas directamente, de ayudarme cuando lo necesité, de apostar por mi cuando nadie lo hacía, de creerme y escucharme, de querer a mi hijo como si fuera suyo y ofrecerle un futuro con ella, de ayudarme cuando algún emprendimiento iniciaba. De regañarme cuando era necesario, pero sobretodo nunca regateo cariño para mí. 
Mi otra hermana luego se fue a España y ambas hicieron sus vidas y yo la mía aquí.  
Con los años y acumulados tantos errores, pues finalmente dejé la universidad y me dedique a trabajar y dar tumbos tercamente buscando la felicidad fuera de mí, le dije un día “necesito viajar y empezar otra vez” y ella buscó la forma de que se hiciera así. Convenció a nuestra hermana y entre ambas buscaron la forma de que llegara a España y así fue. Fue emocionante encontrarla en Madrid   pues viajó desde Italia a encontrarse conmigo, abrazarla  y llorar en su hombro fue un momento sublime. Me acompañó para conocer la ruta que haría hasta mi primer trabajo en Madrid, me regaló su teléfono celular para comunicarme con mi hijo y me lleno de consejos. No entendía porque decía ella que admiraba mi temple y rebelde actitud hacia la vida, porque era yo quien la admiro más, hasta hoy.  Me contó y sugirió, "estudia en El Pontón, si te gusta", instituto donde luego ingresé y estuve haciendo talleres de Literatura por varias temporadas, hecho que luego influiría en mis decisiones futuras.
Con Carolina siempre mantenemos nuestras diferencias y posturas, ella es de las personas cautas, realistas, yo soy de los arriesgados impetuosos que se lanza a la piscina, soñando e imaginando que algún tesoro encontraré. Ella es de aquellas personas que han logrado salir adelante con esfuerzo y sacrificio. Su soledad en Italia era grande  y la nostalgia por el Perú más aún. Pero a pesar de todo siempre ha seguido adelante, con valentía y tesón, aguantando soledades y discriminaciones, haciendo respetar su origen y con orgullo su procedencia, dándome ese ejemplo.
Carolina ha mediado siempre entre todos nosotros pues somos una familia disfuncional, que cuando esta junta discute y cuando está lejos se extraña. Siempre en medio buscando la conciliación y armonía tratando que entendiera a mi padre y sus decisiones que no comprendo, tratando que mi hermana Leslie, perdone y olvide mis veleidades y errores. Siempre pensando en todos y poco en ella. Pero siempre siendo directa, frontal conmigo, sin mentiras, honesta, solidaria, colocando el amor que me tiene por encima de las diferencias.
Cuando decidí regresar a Perú, no estuvo de acuerdo, pero me deseó la mejor de las suertes y nunca dejó de preguntarme “¿hermano como estas?” y continuó ayudándome a la distancia. Y cuando la vida me trató mal y la fortuna me abandonó perdiendo el rumbo, ella estuvo cerca arengándome hasta que volví  a ponerme de pie, comprendiendo que no era nada más que la cosecha de lo que había sembrado con mis decisiones. 
Entiendo ahora que no solo quiero a mi hermana. Amo su forma terca de ser conmigo y la tenacidad de su cariño, amo sus palabras duras cargadas de verdad, amo su presencia en mi vida, sus palabras, su orgullo, pero amo más su ejemplo, porque es una luchadora y tengo los mismos genes que ella. 
 Carolina, es un orgullo ser  tu hermano.


Pero debo decir que  la  vida es injusta, mi hermana Carolina tiene cáncer.
Y ella  sigue luchando.
Es injusta la vida insisto, hay quienes quieren y merecen sacar su boleto de ida y hay quienes lo tienen sin merecerlo, digo.
Por eso mi sonrisa no es la misma, la pena me persigue y todo me parece banal, las absurdas discusiones, las inútiles y estúpidas preguntas de quienes solo buscan el éxito y la seguridad material para ser felices, me agobian. Los amores y promesas banales no llenan mi corazón y me pregunto “¿por qué ella y yo no, qué tanto he hecho sufrir a las personas?” y no hay respuesta ni entendimiento. Algunos dicen “¿Que intransigente estás, qué resentido?” y no es así, es el fastidio de verlos preocupados tontamente cuando tienen las oportunidades y el amor a su alrededor y no lo valoran. No es intransigencia es solo la rabia silenciosa de estar atrapado en esta ciudad buscando la oportunidad y los medios, que son esquivos, para poder ir y abrazarla. No es resentimiento, quiero estar cerca de mi hermana y dejar de lado las tonterías humanas que me rodean.
Carito, hermana como sea pronto llegaré a verte para abrazarte y decirte lo mucho que te quiero y amo, para que nos riamos y conversemos escuchando a Silvio, a la “negra” Mercedes Sosa,  a Alberto Cortez
Carito, siempre has sido la luz del faro que en la oscuridad me alumbra, espérame.
Te amo hermana.



domingo, 6 de octubre de 2019

Cariñoso domigo




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El domingo último buscaba un sitio donde almorzar, entro a un restaurante, estaba todo lleno sin lugar para sentarse, de pronto una niña sin el control de sus padres corre, me choca y bota el celular. La miro, la niña no se da cuenta o no le importa, recojo mi celular y mientras salgo le digo a la niña " aprende a pedir disculpas niñita" en un tono afable.

La madre, una obesa mujer, que escuchó mi oración responde agresiva. 

- Es una niña y usted un viejo...,.=/%&%()@€-2;€("€€....
- ¿Qué me ha dicho?- pregunto
- Viejo, anciano idiota… - responde
- No solo no corrige a su hija, si no que es malcriada e insultante...- digo
Detrás mío una voz estentórea grita a voz en cuello
- ¿Qué pasa? , ¿Qué te pasa? - es un hombre, tosco, prieto, agresivo.

El vulgar hombre, que debe ser padre del engendro y esposo de la mujer con cuerpo de kion (jengibre), se acerca agresivo mientras yo continúo mis pasos...

- Oye webón ven aquí - grita

Sonrío y le miro, reacciono y le contesto

- Estás con tu hija, que gran ejemplo das. Ahora entiendo porqué su educación. Agradece que estás con mujeres atorrante - digo indignado refrenando mis ganas de irme a los golpes.
- Calla viejo de mierda, @_&'-+:__:|¢$$¥¢¢£¥™[:....Anciano… - grita parado junto a su mujer, la obesa.

Anciano, fue su insultó más bajo, o el que me molesto (si no soy anciano)

- Matón, ahora entiendo ....si los padres son así, que se puede esperar de tu hija… acércate tú si quieres - dije, mientras el "matón de esquina" recordaba todas mis generaciones pasadas, nombrando a las futuras, sentenciando de que me voy a morir en lugar de acercarse hacia mi

- Calla conch… - terminó diciendo y volteó.

Sinceramente, cuántas ganas de regresar y partirle la boca. Seguí caminando y pensando que tan mal podemos estar, por qué tanta agresividad en las personas. Me sorprendía porqué la mejor versión de mí logra controlar la ira, será porque las personas que me rodean me enseñan a pensar y calmarme, será que me rodeo de gente que irradia paz y reflexión, pues en un segundo visualicé las consecuencias si me peleaba y la verdad ya no tengo ganas de cambiar el mundo, tengo ganas de cambiar yo mismo.

Hace poco conversaba con una profesora de educación inicial, quien me comentaba que los padres modernos no corrigen a sus hijos. Me comentaba que toda la educación se la dejan a la escuela y ellos solo se dedican a consentir sus acciones, creyendo que darles todo lo que piden es la mejor forma de educarlos para la vida. Estos niños crecen con derechos y no con deberes.

No sé si tenga ella razón, lo que sé es que cada vez veo más falta de valores a todo nivel.

Con esas reflexiones ese día no probé bocado, no por mi indignación, sucede que me encontré con el Cabezón y me puse a brindar por la vida.

Salud



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